miércoles, 24 de febrero de 2016

ALGUNOS DE LOS NOMBRES QUE POSEE LA BELLEZA


Ignasi Aballí, ‘sin principio / sin final’, en el MNCARS
MODO LECTURA
La última ocasión que tuve la oportunidad de ver una muestra más o menos “antológica” (concepto un tanto engañoso, o tramposo, que por fortuna cada vez se usa menos a favor del más racional y apropiado de “revisión”) de Ignasi Aballí (Barcelona, 1958) fue en el MACBA de Barcelona y a finales del 2005. Algo más de diez años después de aquel evento —0-24h. fue el título de la exposición—, el Reina Sofía ha organizado una nueva revisión de su trabajo. Más o menos correspondiente a la producción artística que su hacedor ha realizado desde aquella fecha hasta el presente, más la incorporación, muy oportuna en mi opinión, de obras anteriores al arco temporal fijado, a modo de cinematográficos “flashbacks”. Pero en realidad deberíamos hablar de lo que en literatura se entiende como “analepsis”, técnica que altera la secuencia cronológica de la historia (una muestra de arte es siempre una narración visual), conectando momentos distintos y trasladando la acción al pasado para una mejor comprensión de la obra realizada en el presente de la contemplación. El título de la actual es sin principio / sin final, en respetuosas minúsculas, y está comisariada por João Fernandes, subdirector del MNCARS. Al igual que el título de la muestra de Barcelona, el actual también nos remite a una consideración del tiempo como eje vertebrador, fundamental, en la obra del artista. Parafraseando una idea de Cioran creo que la admirable obra de Ignasi Aballí “deja un sabor de exilio, como todo lo que mezcla lo absoluto con el tiempo”.
Lo “absoluto” ha sido para este artista, desde mediados de la década de los ochenta, la Pintura (aquí sí se imponen las mayúsculas), y su condición más que práctica. En el hacer “pictórico” de nuestro artista (se asumen todos los entrecomillados que deseemos considerar) la condición de la pintura sería algo así como el continuo cuestionamiento de los parámetros fundacionales de su misma “ilusión pictórica”, con la voluntad de crear un horizonte de acción que contemple de y en la pintura no tanto su “destrucción”, o muerte, como el deseo posibilista de traspasar, menos que transgredir (que también), la rigidez histórica de sus límites, gracias al aprovechamiento de unas fugas determinadas, o “escapes conceptuales” si se me permite esta exageración del sentido, por donde se derrama la vitalidad agónica de sus constantes históricas.
Insisto: ello fue así desde sus prometedores inicios, pero la obra realizada en los últimos años nos impide seguir insistiendo en estos parámetros que fueron tan necesarios e importantes —por supuesto— para la consecución de los actuales trabajos, y que de alguna manera se mantienen como luciérnagas de sentido y comprensión, aunque lo cierto es que desde los primeros años del nuevo milenio la obra de Ignasi Aballí se la puede calificar tanto de pictórica (“de aquella manera”, por utilizar una simpática expresión muy utilizada en Barcelona) como de escultórica (más o menos lo mismo), sin olvidar la fotografía (pura) como pintura otra, o los sofisticados discursos de “arte público” tan presentes en su conocidos listados, o los refinados estudios teóricos sobre el color, o la muy necesaria corrección que exigen todas sus obras cuando se manifiestan en el espacio, lo que también nos indica que hay una parte de su obra a la que, sin dejar de ser específicamente lo que el artista pretende, bien podemos calificar de intervención o instalación…
Digamos, entonces, que la “condición pictórica”, en una implacable negociación con su propia desaparición, ha tenido la necesidad imperiosa, vital, de transformarse en un continuum de efectos artísticos. Me interesa mucho mantener a partir de ahora esta expresión, “efectos artísticos”, para intentar desarrollar un análisis en el que la pintura se interprete como disolvente de sí misma, pero una disolución productiva: más se piensa en ella cuanto más la vemos reproducida y expuesta en formas y volúmenes, en fotografías y páginas reproducidas de ensayos ajenos, en carteles publicitarios y listados de variada información.
Ciertamente, por “efectos artísticos” podemos entender lo que queramos. Mucho. Incluso todo. Hemos de tener en cuenta que en la obra de Ignasi Aballí el primer “condenado” es siempre la “titulación” de lo creado, el fácil nominalismo descriptivo o la imposibilidad de agrupar en un mismo todo la relación de nombre (o disciplina) y contenido. Hablando de la pintura de Pollock, o mejor: de su dispersión, Rosalind Krauss, muy sagazmente, apunta que “a medida que la frontera entre lo de dentro (la pintura) y lo de fuera (el marco) empieza a desdibujarse y romperse, cabe la posibilidad de percibir hasta qué punto la ‘pintura como unidad’ es una categoría artificial, construida sobre la base del deseo, muy similar a la de ‘edición original’”. Esta idea me parece muy sugerente, más por lo que ilumina con respecto a las derivas pictóricas que se dieron a partir de la década de los sesenta, que si se contempla únicamente (que también, por supuesto) con respecto a la obra del pintor norteamericano. Pero interesadamente, y focalizando en la obra de nuestro artista, nos apropiamos de ese “artificio de la pintura como unidad”, y con ello el cuestionamiento de una cierta y rígida idea de autoría dentro de la práctica misma de la pintura (que deviene lógicamente “efecto artístico”), pues ejerce de detonante de nuevas realidades creativas, de desplazamientos de signo y representación, y de continuas transgresiones de estilo (representación) y concepto (idea).
Es muy importante abundar en el hecho de que el trabajo de Ignasi Aballí, y más en los últimos años, ha asumido las estructuras necesarias para la captación de un universo de lo real sin por ello descender a una trama “realista”, ni siquiera domésticamente figurativa, pero sí muy dotado ese universo del que hablamos para permitir situarnos (en tanto que espectadores) en un territorio donde se expresan cosas y hechos en una rítmica musical (no está estudiada esta cualidad en el trabajo del artista), menos aleatoria de lo que en un principio pudiéramos suponer, donde espacio y tiempo se conjuran para la conquista de un nuevo lenguaje. Un lenguaje, o una ordenación de signos, que se introduce en nuestra percepción psicológica y visual por la ventana despojada de su marco que sirvió a Apollinaire para la redefinición textual de la forma/espacio; para, a continuación, esa misma forma resultante en el espacio emprender la huida por otra ventana igualmente desmarcada, la misma por la que escapa el pez soluble de Breton, es decir: la forma/tiempo, a la búsqueda de ese tan imposible como nostálgico objeto/cuadro, o pintura/escultura, que nos devuelva la biología cultural de las cosas, de los hechos, de los efectos artísticos.
Esta muestra de Aballí me ha parecido magnífica y con una excelente selección de obra. Pero se me ha quedado un poco corta, escasa. En el mejor sentido de la expresión, falta obra. En cualquier caso, lo que se contempla es extraordinario. Así de efectiva e inteligente es la obra de este artista. No pondremos ningún reparo a quien quiera ver en la efectividad y la inteligencia algunos de los muchos nombres que posee la belleza.

martes, 23 de febrero de 2016

Reckoning with Pop Art’s Irrepressible Popularity






Installation view of ‘Pop Art Design’ at the Museum of Contemporary Art, Chicago (all photos by the author for Hyperallergic unless indicated otherwise)
CHICAGO — Three major exhibitions devoted to Pop art opened in 2015: The World Goes Pop at Tate Modern in London; International Pop at the Walker Art Center in Minneapolis (opening soon at the Philadelphia Museum of Art); and Pop Art Design, still on view at the Museum of Contemporary Art (MCA), Chicago. Each broadened the purview of this art movement as a primarily Western (American) phenomenon by unearthing lesser-known artists to provide a global view of art in the 1960s and ‘70s. But, at the same time that these exhibitions effectively changed our notion of Pop art, they also lost something in translation. Each of the shows, heavily padded with work that proved a point, made us wonder what, exactly, the point was. By cracking open the geographic reach of Pop art, the exhibitions became amorphous, losing sight of what lay at the core of this art movement.
As these exhibitions illustrated, artists around the world did indeed scoop up the language of popular culture, mass media, and the middle class from their respective socio/political perspectives, as well as muddy the lines between high art and everyday life. But what these exhibitions didn’t explore was how Pop art reached the masses, how it gained power through dissemination.
Pop art was at its most effective and subversive when its sassy attitude and frolicking rejection of propriety infiltrated not just the art world but the outer boroughs, reaching into pockets of isolation to touch the farm kid in Manitowoc, Wisconsin, the garage musician in Cleveland, and the housewife in Duluth. This was the infectious, democratic, shining glory of Pop art. Faster than any previous art movement, its kitschy, carefree currency spread fast, from London-based artist Richard Hamilton’s first collage exploration, “Just what is it that makes today’s homes so different, so appealing?,” (1956) to Roy Lichtenstein’s appearance in LIFE magazine (1964).
Installation view of 'Pop Art Design' at the Museum of Contemporary Art, Chicago
Installation view of ‘Pop Art Design’ at the Museum of Contemporary Art, Chicago, with ephemera, design, posters, and album covers (click to enlarge)
The only exhibition that comes close to defining and celebrating this important populist characteristic of Pop art is the exhibition that originated at the Vitra Design Museum in Germany and is currently on view at the MCA (its only American stop). Pop Art Design slides intuitively toward the vernacular tentacles of this movement and makes us realize that every exhibition of Pop art should include facts and artifacts along with the tattered remains of Andy Warhol’s cover design for the Rolling Stones’ Sticky Fingers album (1970–71) and the Milton Glaser poster from Bob Dylan’s Greatest Hits (1966). As Warhol says in The Philosophy of Andy Warhol, “good business is art … art had gone into the stream of commerce, out into the real world.”
The art world was far away from the Wisconsin suburb where I grew up. Yet, Warhol’s Interview Magazine came in the mail each month. Effervescent against a Midwestern suburban landscape, it brought news of a sophisticated ‘elsewhere.’ Prior to that, Mattel launched the Skipper doll in 1964 as Barbie’s little sister. Her hip cousin from England, Francie, was introduced in 1966. These gals were sweet and coy at first, but soon their wardrobes exploded under some kind of atomized Warhol influence — faux fur, mini-dresses, plastic go-go boots, hot pink shirts with daisy prints, fishnet stockings. It was as if Warhol didn’t just pee on the copper surfaces of his Oxidation series, he urinated all over America (and perhaps the world), leaving his scent in every Sears and Roebuck toy department, every kitchen and teenager’s bedroom. The Swinger Polaroid Land Camera (1965, designed by Henry Dreyfuss) allowed us to be as cool as Warhol, with this black and white plastic object dangling from our wrists, participating in the self-documentation of the period’s rebellious collective swagger. There was a new, expansive cultural reach embedded in the DNA of Pop art. The New York art scene bled into products quickly.
Installation view of 'Pop Art Design' at the MCA Chicago (photo by Nathan Keay, © MCA Chicago)
Installation view of ‘Pop Art Design’ at the MCA Chicago (photo by Nathan Keay, © MCA Chicago)
Since the beginning of modern art, artists have tried to free themselves from commodification and its taming whip. The history of Modernism is a history of rebellion. But like the Bauhaus, Pop art found a strange comfort and alliance with the commercial world that became mutually agreeable. Pop art wasn’t art for the people, but it was art for the in-crowd made accessible to the people. We were all invited.
Did art in the 1960s change the world of design, or vice versa? Or did they curiously cohabitate for the first time and maybe the last? Should any Pop art exhibition omit the shape-shifting commercial manifestations and plurality of this era? Exhibitions like the Walker’s and Tate Modern’s, which hover in the art world, miss the unique essence of Pop art: Not only did Warhol insist that art was a product, he happily watched products become art. As the art historian Marco Livingstone has stated, Pop art was more of a sensibility than a movement or a manifesto.
Installation view of 'Pop Art Design' at the Museum of Contemporary Art, Chicago, with works by Robert Rauschenberg (left) and Charles and Ray Eames (right)
Installation view of ‘Pop Art Design’ at the Museum of Contemporary Art, Chicago, with works by Robert Rauschenberg (left) and Charles and Ray Eames (right)
Pop Art Design opens with Robert Rauschenberg’s “Retroactive II” (1963), from the MCA collection. As if making a map of postwar culture, Rauschenberg silk screens, transfer prints, and collages images of an astronaut on the moon, John F. Kennedy pointing authoritatively toward the viewer, a smeary detail from an Old Master’s painting, and a weather meter onto what reads as an 80 by 60 inch poster. Gone is the hand of the artist and notions of preciousness, originality, emotive content, or linear narrative. Replacing them are the pervasive reality of reproduction via news and television media, and the idea that it is all passing by increasingly fast.
Adjacent to the Rauschenberg sits the wicked little Charles and Ray Eames chair from 1951/52, lacquered steel wire with a turquoise blue vinyl pad, shackled with wooden rocking chair runners. What could the Rauschenberg and the Eames have in common? Apparently, it is the notion of collage as well as the invention and industry of the time: mashing up bits and pieces from cultural sources, old and new, into whimsical objects imbued with the optimism of infinite potential. The seams and incongruities of the compositions invest these artifacts with the era’s ‘anything is possible’ attitude, be it a moon landing or a total retooling of everything from convenience foods to music to grandpa’s rocking chair.
From here the exhibition continues to bounce between fine art and product, without neglecting the space in between. This allows for inclusions like the Warhol-inspired disposable paper “Souper Dress” (1966–67) — available as a company promo by mailing in two Campbell’s soup can labels plus one dollar — which appears between a functional Coca-Cola vending machine (1947–51), an Italian Simon International tomato soup stool (1973), and a Warhol “Campbell’s Soup Can” screen print on paper. Outrageous exploits with the newfangled possibilities of post-war plastics take every possible twist and turn, from Gruppo Strum’s Pratone lounge chair (1966) — which is actually a giant Polyurethane foam piece of fake grass that you can walk through or sit on — to the Italian designer Guido Drocco’s Cactus (1971), a piece of shaped Polyurethane foam that looks like either a giant, obscene plant or a coat rack. Another Italian, Gaetano Pesce, offers a chair in the form of a giant foot. Designers around the world, freed from practical constraints, were having fun, something almost anathema to our current anxious condition.
If we are lucky, every well-curated exhibition holds a moment of surprise, something that interrupts expectations. This exhibition, which unfortunately features predominantly white male artists and designers and feels gendered in its celebration of historically validated artifacts versus the more unruly landscape of the domestically soluble trickle-down Pop products that littered Midwestern homes and closets, has one dimly lit room in its far back corner dubbed “Artificial Worlds.” Like entombed radioactive laboratory specimens, emanating and enshrined in a plastic vitrine mounted on the wall, fully disinfected from residues of onion dip, Jell-O, and Cool Whip salad, are four plastic Tupperware bowls. This is where things get interesting. Why include just this one artifact of plastic fantastic 1960s kitchen culture? Why Tupperware? While it would be nice to credit the curators with a fresh insight, the Museum of Modern Art had already validated Tupperware’s streamlined, injection-molded polyethylene contours as good design in a show of 20th century design in 1956.
Nonetheless, Tupperware has its own interesting story. Invented by Earl Tupper around 1942, it was propelled to success a decade later by an industrious single mother in Detroit, Brownie Wise, who launched the home-party mode of sales. Some (such as the writer Alison J. Clarke) would argue that Wise empowered women of the 1950s and ’60s, who were newly minted as “housewives,” to engage in their own means of collective agency. Four small Tupperware Wonder bowls, in pastel hues inspired by Tupper’s love of Florida orchids, are displayed like practically sacrosanct objects. A nearby wall of Danish designer Verner Panton’s Ring lamps (1969/2000) provides the perfect funky, ethereal echo. At this shining altar of mid-century mass consumption, this final room of the exhibition, functioning like a chapel, says everything about Pop art: it touched us all, saturating our lives with synthetic joy.

Installation view of ‘Pop Art Design’ at the MCA Chicago (photo by Nathan Keay, © MCA Chicago)
Installation view of 'Pop Art Design' at the MCA Chicago (photo by Nathan Keay, © MCA Chicago)
Installation view of ‘Pop Art Design’ at the MCA Chicago (photo by Nathan Keay, © MCA Chicago)
Pop Art Design continues at the Museum of Contemporary Art, Chicago (220 East Chicago Avenue, Chicago, Illinois) through March 27.

Documenta 14, 2017 Atenas, Grecia, y Kassel, Alemania



 
La documenta 14 está organizada por Adam Szymczyk, como Director Artístico, junto a un equipo de trabajo cuyos primeros miembros fueron nombrados en 2014. El 14 de octubre 2015 fueron dados a conocer: Paul B. Preciado como Curador de programas públicos, Sepake Angiama como Director de Educación, Clare Butcher y Arnisa Zeqo como Coordinadoras de educación, Bonaventure Soh Bejeng Ndikung como Curator at large, Natasha Ginwala y Candice Hopkins como Asesoras curatoriales y Jill Winder como Editora web.
Vea >> datos biográficos de todo el equipo
Lanzamiento del programa de publicaciones documenta 14 con
South as a State of Mind #6 [documenta 14 #1]
In keeping with the concept of documenta 14 as a bi-located exhibition —one in which the exclusive role of host is left behind for a more radically receptive position —and in working with existing institutions and initiatives, documenta 14 is hosted in the pages of South as a State of Mind by Marina Fokidis, who founded the magazine in Athens in 2012. Four documenta 14 editions of the journal will be published semiannually until the opening of the exhibition in 2017. 
The documenta team imagines the South of documenta 14 —both the journal and the imagined spaces it invokes— as a place of research, critique, art, and literature paralleling the years of work on the exhibition overall, one that will help define and frame its concerns and aims. Writing and publishing, in all their forms, will be an integral part of documenta 14.
South d14’s first issue was produced during a period marked by a dramatic worsening of the economic and humanitarian crisis in Greece. The establishment and dissolution and reinstatement of the left-wing government, under conditions created by European-imposed austerity programs, was accompanied by the near-collapse of the Greek banking sector. The refugee crisis, meanwhile, has been escalating, with the displacement of millions of Syrians fleeing civil war, as well as those escaping the violence and repression in Iraq, Afghanistan, and sub-Saharan Africa. As has been noted widely, this is the largest global displacement of people since World War II, and for many of the refugees entering Europe, Greece is their first stop. In this state of emergency, the magazine, through the voices of its diverse authors —among them artists, poets, scholars, architects, and filmmakers— takes form as a manifestation of documenta 14 rather than as a discursive lens through which to merely presage the topics to be addressed in the eventual exhibition.
In addition to South as a State of Mind’s print publication, there will be an online edition of the journal that makes content available in three languages: German, Greek, and English. The online edition has been launched on 31 October 2015, to coincide with the publication of the first print edition of documenta 14 South. You can find it here: documenta14.de/south
South as a State of Mind #6 [documenta 14 #1]
Edited by Quinn Latimer & Adam Szymczyk
230 x 300 mm, 262 pp., English
num. col. and b/w illustrations
Euro 10,-
ISSN 2241-3901
ISBN 978-3-86335-844-0
With contributions by: 
Alexander Alberro, Katerina Anghelaki-Rooke, Aristide Antonas, Hannah Arendt, Pierre Bal-Blanc, Miriam Cahn, Manthia Diawara, Angela Dimitrakaki, Maria Eichhorn, Fouad Elkoury, Marina Fokidis, Peter Friedl, Hans Haacke, Bhanu Kapil, Quinn Latimer, Yorgos Makris, Jonas Mekas, Marta Minujín, Naeem Mohaiemen, Bonaventure Soh Bejeng Ndikung, Linda Nochlin, Paul B. Preciado, Thomas Sankara, Brandon Shimoda, Sven Stilinović, Adam Szymczyk, Françoise Vergès, Kaelen Wilson-Goldie, and Stefan Zweig.
(Extracts from a press information, 14 Oct. 2015)


On October 6, 2014, a symposium titled "documenta 14, Kassel: Learning from Athens" was held at Kunsthochschule (Academy of Fine Arts) in Kassel, Germany, at the invitation of the academy. Organized by the team of documenta 14, and led by Artistic Director Adam Szymczyk, the symposium presented key members of the next documenta organization, as well as discussed essential ideas and thematic concerns of the exhibition project as a whole, scheduled to take place in 2017.
The city of Kassel has been the host of documenta since its inception in 1955. Likewise, over the past thirteen editions, documenta has served as host to many artists and cultural practitioners from around the globe. But, ultimately, this position of host—with all the privileges involved—appears to be no longer tenable and begs to be questioned, if only temporarily. 
To this end, Szymczyk introduced documenta 14’s planned twofold structure:
In 2017, documenta 14 will establish a second site—Athens—bringing Kassel and the Greek capital onto equal footing as the two locations of the exhibition. Thus documenta’s undisputed position as host will be abandoned for another role, that of guest, in Athens.
The working schedule envisages documenta 14 to open in Athens in April 2017; it will then be inaugurated two months later in Kassel, on June 10. This will ensure that there will be a month of overlap, with two parts of the exhibition running in parallel. Moreover, though each iteration of the exhibition will be developed as an autonomous project, they will inform each other’s content while not repeating the form, with several distinctive venues in Athens, as in Kassel. Documenta 14 intends to learn from the city of Athens and its citizens, instead of parachuting a prepackaged event from Kassel into one or several picturesque venues. Rather than being merely a sum of two destinations, documenta 14 will unfold in a three-year-long process of learning and producing knowledge, while also engaging in the process of instituting spaces for public life in both locations. In this process, both cities’ communities will become involved, contributing to the project.
(De una información de prensa, 7 oct. 2014)
Más informaciones:
>> Learning from Athens
Información de prensa, 7 oct. 2014
>> Anuncio del Director artístico

lunes, 22 de febrero de 2016

David Hockney celebrates 80th birthday with Tate Britain retrospective







David Hockney, fort tempérament de la peinture qui a fait coudre une poche intérieure spéciale pour son calepin de dessins dans ses blazers de gentleman, vrai Britannique qui s'enivre des saisons dans les sous-bois de son Yorkshire natal où il transporte son chevalet, fêtera ses 80 ans à la Tate Britain en 2017 avec sa plus grande exposition jamais orchestrée. Cette rétrospective anniversaire de plus de 160 œuvres - peintures, mais aussi photo-montages, vidéos et peintures sur iPad- se tiendra du 9 février au 29 mai 2017 à Londres , puis ira ensuite au Centre Pompidou à Paris et au Metropolitan Museum de New York. 
Par ailleurs, la Tate dont la partie moderne et contemporaine se dédoublera à partir du 17 juin 2016, avec l'inauguration de la tour dessinée par le duo d'architectes suisses Herzog & de Meuron (+6O% d'espace d'exposition pour ses 250 artistes provenant de 50 pays), est aussi le musée qui détient deux des plus fameux tableaux de David Hockney, A Bigger Splash (1967) et Mr and Mrs Clark and Percy (1970-1971). 

Grand Canyon

C'est donc une heureuse conjonction d'évènements en 2017. Elle combinera près de 60 ans de peinture à la Tate Britain pour l'artiste, esprit frondeur révélé au public en 1961 alors qu'il n'était qu'étudiant, et la nouvelle Tate Modern ainsi dédoublée; en 17 ans d'existence, elle déjà a transformé la South Bank de Londres depuis l'inauguration et la réhabilitation spectaculaire de cette ancienne centrale thermique en 2000. 
Tout David Hockney, éternel voyageur entre la Californie et son Île, sera donc de retour à Londres. Ses premières œuvres à l'inspiration très dandy, ses Love paintings de 1960-1961, «dans lesquelles il détourne le langage de l'expressionnisme abstrait dans un récit autobiographique et homo-érotique». Les portraits de ses amis, parents et proches et ses autoportraits qui ont habité les vingt premières années de sa vie de peintre, dandy blond aux bretelles légendaires sur chemise rayée et aux lunettes rondes si pop (Self-Portrait with Blue Guitar, 1977), modèle gay immortalisé en 1974 dans le film homonyme de Jack Hazan. 
Ses piscines californiennes où le reflet du soleil dessine des rubans de lumière, où les «boys» nagent nus et bronzent langoureusement, comme des stars incognito. Ses fabuleux montages photographiques qui multiplient les angles de vue et redonnent une poésie anglaise au désert (Pearlblossom Highway, 1986). Ce prisme lui inspirera des paysages mosaïques, du plus gigantesque avec le Grand Canyon au plus doux, avec les Yorkshire Wolds, ces petites collines des comtés du Yorkshire de l'Est et du Yorkshire du Nord.

Tapisseries aux mille fleurs 

David Hockney a déjà apporté du sang neuf à la Royal Academy of Arts (RAA) en 2012 avec ses énormes tableaux peints sur le motif dans les bois du Yorkshire, David Hockney RA: A Bigger Picture. Cette exposition monumentale, accrochée souvent au plus serré dans les salons de la RAA avait enchanté les Anglais par sa fraîcheur désarmante et sa grande faim de renouveau, déstabilisé les autres, perplexes devant ces forêts aux mauves et verts si pop, ces sous-bois traités comme des tapisseries aux mille fleurs des XVe et XVIe siècles, ces paysages aux routes jaunes bondissantes comme dans les dessins animés, aux maisonnettes rouges comme des Lego. Le visiteur de la RAA en avait plein les yeux.
C'était sans doute une question d'espace, et donc de recul comme dans un château fort. La même exposition, redéployée ensuite au Guggenheim Bilbao, y trouva sa juste mesure. La ronde de printemps de David Hockney y était envoûtante, puissante comme celle d'un jeune homme (il est pourtant né le 9 juillet 1937!). Et le monument de Frank Gehry, réputé impossible pour la peinture, y gagnait aussi en vitalité inattendue et en fougue artistique. 
Le troisième acte eut lieu au Ludwig Museum de Cologne dont l'architecture complexe changeait les lois de l'accrochage, posait d'autres problématiques et faisait la part belle aux vidéos tournées avec de multiples caméras (18 pour ses Seven Yorkshire Landscape Videos, 2011). Jusqu'au 29 février au Grand Palais, on peut voir celle des acrobates, colorée et virtuose, qui est un hommage dansant à Picasso et un des moments les plus heureux de Picasso.mania
Cette exposition est co-organisée par la Tate Britain (avec le commissariat de Chris Stephens, Head of Displays & Lead Curator, et d'Andrew Wilson, Curator Modern and Contemporary Art and Archives) , le Centre Pompidou (il présentera à Paris du 21 juin au 23 octobre 2017, une version élargie de celle de la Tate, sous le commissariat de Didier Ottinger, directeur-adjoint du Musée national d'art moderne) et le Metropolitan Museum de New York.

domingo, 21 de febrero de 2016

BIENNALE INTERNATIONALE D'ART DE VENISE : APPEL À PROJETS 2017









Appel à candidatures pour la présence française à la 57e Biennale internationale d’art de Venise (2017).
Le ministère de la Culture et de la Communication, le ministère des Affaires étrangères et du Développement international et l’Institut français, opérateur du Pavillon français, lancent un Appel à projet pour le Pavillon français de la 57e Biennale internationale d’art de Venise 2017.
L’appel à projet concerne toutes les pratiques artistiques dans le champ des arts visuels et notamment les plus actuelles.
Il s’adresse à un(e) artiste, citoyen(ne) français(e) ou résident(e) permanent(e) en France depuis au moins 5 ans.
L'artiste retenu produira de nouveaux travaux spécialement conçus pour le Pavillon français.
 

PROCÉDURE DE SÉLECTION

 
Les propositions seront examinées par un comité de sélection représentatif de la diversité des acteurs de la scène artistique nationale. Ce comité est composé de quatre membres institutionnels, deux représentant le ministère des Affaires étrangères et du Développement international et l'Institut français et deux représentant le ministère de la Culture et de la Communication ainsi que de cinq membres extérieurs.
 
  • Présélection : Le comité de sélection, après avoir examiné l’ensemble des propositions et délibéré, retiendra trois propositions.
  • Sélection finale : A l'issue de ses délibérations, le comité transmettra les trois propositions retenues aux ministres de la Culture et de la Communication et des Affaires étrangères et du Développement international, qui choisiront l'artiste retenu(e).
 
La sélection tiendra compte de :
1. La carrière de l’artiste
2. La qualité artistique de la proposition
3. La qualité de l’équipe constituée autour de l’artiste
4. La capacité à mettre en place une exposition d’envergure internationale
5. L’adaptation de la proposition au contexte de la Biennale de Venise
6. La viabilité financière et logistique du projet dans le cadre des ressources disponibles
7. La capacité à associer des partenaires financiers ou logistiques extérieurs
 

CALENDRIER

Dépôt des dossiers de candidature : jusqu’au 4 avril 2016 minuit.
 
 

DÉPÔT DES CANDIDATURES

Retrouvez le règlement complet de l'appel à projets et déposez vos candidatures sur IFprog.
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35 AÑOS DE ARCO ¡Vuelve, América!



Nació en la era en que todo, todo, empezaba en la España democrática y hoy intenta reinventarse con la mirada puesta en América Latina. La Feria de Arte Contemporáneo de Madrid (Arco)cumple 35 años como testigo y protagonista de la evolución del arte en el mundo y también como damnificado de otros que tomaron la delantera. Tras el nacimiento de Art Bassel Miami, de la Feria de São Paulo y de Maco, en la Ciudad de México, Arco intenta ahora retomar el protagonismo internacional con la mano tendida hacia el otro lado del Atlántico en un momento de madurez, consolidación, y también de reinvención, de reconquista y de miras al futuro, de imaginarlo. Por el camino, el arte también evolucionó hacia la complicidad entre todos los géneros y la expresión más dramatúrgica que plástica, la performance. Este es el recorrido.
Imaginando otros futuros es el programa creado para celebrar el 35º aniversario, que sustituye este año al habitual país invitado. Se ha querido hacer una llamada, una invitación a una selección de galerías con estrechas vinculaciones a Arco, bien porque fueron de las pioneras —como la parisiense Chantal Crousel—; porque han tenido un papel significativo, por ejemplo el de OMR, una de las primeras mexicanas; o por lo fundamental de su aportación, como la belga Zeno X, que solo ha participado en dos ocasiones (esta será la tercera), pero de la que Carlos Urroz, director de Arco, ha dicho que si alguien hubiera comprado todo lo que trajeron en el primer stand que presentaron, hoy tendría una colección más que importante. Galerías estas, y el resto de las más de 30 seleccionadas, que habían dejado de ir y que con esta invitación quieren que regresen los próximos años.
En las últimas tres décadas y media, el mundo del arte y el mercado han cambiado por completo. Con una salvedad: aunque el eje se haya desplazado un poco, el centro sigue estando en Europa y en Estados Unidos. Esas variaciones son las que han hecho que muchos galeristas optaran por dejar de ir a Madrid: la multiplicidad de ferias (Zona Maco en Ciudad de México finalizó el 7 de febrero, la feria de São Paulo se ha instalado en abril); la crisis, especialmente aguda en el sur de Europa…

María de Corral, Lorena Martínez de Corral, Catalina Lozano y Aaron Moulton, los comisarios de Imaginando otros futuros, han querido que este aniversario sea un acicate para que galerías como Kurimanzutto, Lisson, Ruth Benzacar —que incluso estuvo en el comité organizador de Arco— o Marian Goodman vuelvan y recobren la ilusión por la feria madrileña. Ellos también han seleccionado a los artistas. “Sabemos lo que en España puede interesar, lo que es necesario enseñar porque no se conoce o porque no tienen galería aquí”, afirma Martínez de Corral. Es el caso de la artista inglesa Tacita Dean o del pintor belga Michaël Borremans, al que trae la galería Zeno X para que establezca un diálogo con Mark Manders. Trabajan en distintos medios, pero su belleza y silencio se conjugan bien unidos. La idea de diálogo intergeneracional que se planteó al principio entre los dos artistas que llevará cada galería ha quedado diluida en algunos casos como este, en que ambos nacieron en los sesenta.
Mona Hatoum y Danh Vo serán otros de los protagonistas. Ella, nacida en 1952 en Líbano en una familia palestina. Él, vietnamita, nacido en 1975. Ambos marcharon de su país por culpa de la guerra y ahora son de los artistas contemporáneos más reconocidos. Quien esté en Madrid estos días puede ver la obra de Danh Vo en el Palacio de Cristal o junto a la de Hatoum en el stand de la galería Chantal Crousel. Su historia es similar: las primeras exposiciones de ambos fueron en esta galería que es coetánea a Arco, participó en muchas ocasiones desde su primera edición. Su dueña reconoce que es “emocionante” volver, que tiene buenos amigos y que no le podía decir que no a la invitación de María de Corral, lo que es un común denominador. De Corral es una figura de prestigio internacional, muy reconocida y valorada. Que ella haya liderado este programa ha sido una apuesta segura ya que tiene ganada la confianza de los galeristas.
El eje ya empezó a desplazarse en los noventa, y en 1997, en lugar de haber un país invitado, fue casi medio continente. Treinta y cuatro galerías de Brasil, Colombia, Argentina, Venezuela, Perú, etcétera, seleccionadas por el comisario Octavio Zaya conformaron Latinoamérica en Arco, que dejó patente lo que estaba ocurriendo en el panorama artístico: el despunte del mercado y de las galerías en todos esos países. No así de los artistas, que ya venían trabajando, pero para darse visibilidad tenían que introducirse en los circuitos europeos o estadounidenses. A partir de ese momento, Arco fue su plaza. Latino­américa mira y dialoga con Arco y Arco lo hace con Latinoamérica. Aunque esto ha variado ligeramente, por las ferias propias o sucursales como Art Bassel Miami.


En Imaginando otros futuros hay cuatro galerías de São Paulo, ciudad que más repite junto con Berlín y Londres. Una de ellas, Casa Triángulo, une a una pareja de artistas de dos generaciones, Manuela Ribadeneira (Quito, 1966) y al treintañero brasileño Ivan Grilo, que trabaja en el campo de la investigación mediante la fotografía y que, al igual que su compañera, ha creado obra específica para esta feria. Ribadeneira mostrará una serie de esculturas de hierro que se asemejan a una especie de fortalezas medievales. El proyecto profundiza en el uso y apropiación de objetos y símbolos.
Gabriel de la Mora, que llega de la mano de la galería OMR, presenta también obra producida ex profeso. Una serie de gran formato de sus cauchos y un nuevo trabajo con obsidiana (roca volcánica) mantienen su obsesión por el minimalismo. Mientras que sus vecinos de Kurimanzutto están representados por Gabriel Serra y Gabriel Kuri, dos artistas que van a construir un espacio creativo común y que Kuri está deseando ver cómo funciona.
Estas dos galerías son prueba de la importancia de Arco para el mercado latinoamericano. OMR se fundó en 1983 y estuvo yendo a la feria hasta 2009. “Desde entonces insistían para que volviéramos”, asegura Kerstin Erdmann, la directora. Kurimanzutto es mucho más joven, pero también fue Arco la feria que le abrió las puertas al mercado internacional.
Para saber si estas galerías formarán parte de otros futuros, si la intención de volverles a despertar el interés por Madrid ha llegado a buen puerto, habrá que esperar. Lo que sí es fácil de aventurar es que la única galería española que ha formado parte de este programa volverá en 2017 a su cita de febrero, la misma que su directora, Juana de Aizpuru, creó hace 35 años. La fundadora de Arco lleva a Rogelio López Cuenca y a Eric Baudelaire, que ponen a prueba sus convicciones y hábitos. Trabajan sobre el discurso hegemónico de lo que se impone como real. Con el juego de palabras del título de su proyecto, le / monde / change / de / main (el futuro cambia de mano —de/main— o mañana —demain—), se crea una conexión con el título general Imaginando otros futuros. Otro mañana, otros diálogos. •

BLANCA ORAA MOYUA

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