domingo, 14 de diciembre de 2014

Obispos españoles rechazan muestra del museo Reina Sofía que alienta quema de iglesias








Hasta ahora se han recogido más de 42.000 peticiones para que el Museo Reina Sofía retire cuatro obras de la exposición “Un saber realmente útil” ofensivas para los católicos y que incitan a la violencia. El portavoz de los Obispos españoles ha mostrado también su rechazo a estas obras que incitan a la violencia.
“Es necesaria la libertad de expresión, la libertad de pensamiento y la libertad artística, pero las libertades no son el absoluto”, ha declarado el P. Gil Tamayo y por eso ha pedido el respeto a “la dignidad de la persona humana y sus derechos, como son a la libertad religiosa y sus propias convicciones. La armonía de los derechos solo es posible en el respeto de los mismos”.
“El arte y la libertad no nos amparan para la transgresión sino que es el cauce de una convivencia en respeto y armonía de los derechos fundamentales”, ha declarado.
El portavoz de la CEE ha pedido la retirada de las obras y ha afirmado que “levantaría igualmente la voz si hubiera sido contra una mezquita o sinagoga. Pediría igualmente la retirada si ofendiera sus creencias”.
Entre las decenas de miles de protestas que ha recibido hasta ahora el Museo se encuentra la del director general de Relaciones con las Confesiones del Ministerio de Justicia, Javier Herrera, los propios trabajadores del centro artístico, representantes de las comunidades judía y musulmana y alrededor de  42.500 ciudadanos.
La plataforma MasLibres.org es la coordinadora de la denuncia y aseguran que han hecho llegar sus reclamaciones tanto al director del Museo Reina Sofía, así como al ministro de Educación, José Ignacio Wert, quién también ha recibido miles de llamadas de ciudadanos reclamando sobre este asunto.
Según afirman desde MasLibres.org, su portavoz Miguel Vidal se reunió recientemente con el director de la galería y ha agradecido “la claridad con la que el episcopado español ha señalado la inconveniencia de algunas de las obras que hoy se exponen en un museo y que han suscitado la queja de numerosos ciudadanos, la mayoría de ellos de confesión católica”.
Vidal ha señalado del mismo modo que “coincidimos plenamente con el portavoz episcopal en advertir que, si esas ofensas se hubieran referido a otras confesiones, nos habríamos movilizado de igual manera para preservar la libertad religiosa y el respeto a las creencias”.
La pasada semana un grupo de voluntarios de MasLibres.org se concentró a las puertas del Museo Reina Sofía exhibiendo carteles con imágenes de iglesias en llamas, sepulcros profanados en la vía pública y cadáveres de monjas burlados por los viandantes durante el primer tercio del siglo XX en España.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Una ‘dominatrix’ bilbaína al rescate del porno británico







Meterse a regular el porno es complicado. Termina uno teniendo que decidir qué prácticas sexuales son aceptables y cuáles no lo son. Acaba de suceder en Reino Unido, donde se ha introducido una enmienda a la ley que regula la pornografía. Desde el pasado 1 de diciembre, los vídeos porno que se produzcan en el país para Internet tienen una serie de limitaciones. Quedan prohibidos los azotes fuertes en las nalgas, el uso de látigos o fustas, la urolagnia (más conocida como lluvia dorada) y sentarse en la cara del otro. El sexo oral practicado sobe una mujer “con las vías de aire obstruidas”, sea eso lo que sea, se considera “no aceptable”. La eyaculación masculina está bien; la femenina, prohibida.
Lo que hace la nueva enmienda es someter la producción audiovisual pornográfica para Internet a la legislación que rige la pornografía en DVD. Pero resulta que los estudios independientes nunca hacían DVD precisamente porque consideraban que la normativa era muy restrictiva, y quien la supervisa es un organismo privado, la ATVOD,que, según sus críticos, acepta cualquier práctica del porno mainstream pero rechaza las menos habituales. En palabras de la columnista de The Guardian Zoe Williams, “tolera la degradación siempre que le suceda a la mujer”.
La industria del porno está en pie de guerra, pero el debate la ha trascendido. Se trata, para muchos, de una discriminación a las mujeres y a las prácticas sexuales minoritarias. Un atentado a la igualdad de derechos. Y una de las voces más altas en la resistencia es una “dominatrix, artista y activista” nacida en Bilbao, que ya ha ganado alguna batalla a las autoridades británicas.
Itziar Bilbao Urrutia llegó a Londres con 19 años. Vivió en casas okupas y acabó en una facultad de Bellas Artes. “Como todos los estudiantes de arte, necesitaba trabajar”, recuerda. “Yo me movía en el ambiente de clubes fetichistas de Londres, y empecé a trabajar de dominatrix, que es una mujer que crea dominación sexual femenina a clientes que pagan por sus servicios. Estaba bien pagado, y me parecía mejor que trabajar en un bar o en una tienda”.
Hacia 2002 Itziar creó una página web para promocionar sus servicios. “Entonces empecé a desarrollar la imagen, a hacer vídeos, y me di cuenta de que estaba expresando mis intereses conceptuales como artista”, explica. “Temas como la identidad, el género, el feminismo, la representación de la sexualidad, la sexualidad alternativa. Los dos mundos se unieron: mi práctica artística y mi trabajo como dominatrix”.
Así nació, hace ahora cuatro años, Urban Chick Supremacy Cell, algo así como la Célula de Supremacía de la Tía Buena Urbana. Una web de vídeos fetichistas por suscripción, que estéticamente plantea una imagen de activismo político, “inspirada en mujeres como Valerie Solanas”. “Adopté la imagen de una célula terrorista undergroundque aboga por una supremacía femenina absoluta”, explica Bilbao, que encontró en el fetichismo y el BDSM un vehículo para expresar sus ideas artísticas y políticas. Su proyecto formó parte de la exposición Genealogías feministas en el arte español, celebrada en el MUSAC de León en 2012.
Pero aquí en Reino Unido las autoridades no se fijaron tanto en su lado artístico. En junio de 2013 recibió una carta de la ATVOD, la autoridad independiente que regula los vídeos de pago, solicitándole el abono de una cuota para emitir sus “programas de televisión” en Internet. “Me dio por mirar la lista de los estudios de vídeo a los que habían denunciado”, recuerda Bilbao, “y me di cuenta de que la inmensa mayoría pertenecían al nicho de vídeo adulto fetichista y, más concretamente, de dominación femenina. Eso me sonó a persecución”.
La artista puso entonces el asunto en conocimiento de Backlash, una organización de defensa de la libertad de expresión sexual, con la que colabora desde 2009. Allí vieron que había tema y pusieron el asunto en manos del abogado Myles Jackman, más conocido como “el abogado de la obsecenidad”, especialista en libertad sexual y pornografía extrema del bufete Hodge, Jones & Allen.
Después de meses de litigio -y de “interesantísimas conversaciones sobe los límites del arte con chupatintas de la administración”, en palabras de Bilbao- ganaron el caso y la web reabrió este verano. Les convencieron de que aquello era un medio artístico y el de Itziar Bilbao Urrutia se convirtió en “el único estudio de Reino Unido que puede emitir contenido adulto en Internet”.
Aquel largo litigio, cree Bilbao, fue un campo de pruebas para la nueva legislación que entró en vigor el 1 de diciembre. Y ahora ella está coordinando a los estudios de vídeo británicos en la lucha contra una normativa que considera “discriminatoria con el género femenino y con la sexualidades minoritarias”. “Se han puesto a catalogar prácticas sexuales”, opina Bilbao. “Y las que no se pueden mostrar son sobre todo de la sexualidad gay, queer y de dominación femenina. En el porno de los grandes estudios esas prácticas no se ven, así que ellos quedan exentos”. Y ese producto, que para Bilbao es más dañino, es el más accesible. “El porno mainstream”, explica, “exhibe mujeres objetualizadas, con físicos sexuales caricaturescos, es una glorificación del pene”.
En opinión de Bilbao, detrás de esto está “la censura general a los contenidos en Internet”. “Empiezan por el porno”, asegura, “porque da muchos votos apelar a la protección de los niños. Pero no se puede esperar que el Estado haga de niñera. El porno es como el canario en la mina de carbón”.
Esta artista bilbaína, que lleva casi 30 años en Londres, considera que “los británicos son muy retorcidos para el sexo”. “Como los vascos”, añade. “A mí me atrae su complejidad sexual, pero ellos tienen una relación muy difícil con ella. Recuerdo el día en que le conté a mi madre que iba a clubes fetichistas. Ella se quedó pensando un rato y me dijo: ‘Es que los ingleses son así, ¿verdad, hija?”.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

El arte feliz de Joana Vasconcelos





Cincuenta personas se mueven en silencio en una gigantesca nave junto a la desembocadura del Tajo en Lisboa. Hay diseñadores, músicos, costureras, informáticos, pintores, arquitectos, ingenieros, blancos, negros y amarillos, jóvenes, viejos, hombres y mujeres. Imposible adivinar qué les une hasta que aparece su jefa, Joana Vasconcelos. Su obra descomunal, iconoclasta, rompedora en tamaños, materiales y temática conquista museos y galerías de los cinco continentes, arrastrando centenares de miles de visitantes. En su enorme taller de la ribera, esas 50 personas se encargan de poner forma a todo lo que brota por la mente de una portuguesa que ha conquistado el mundo con su atrevimiento.
“El que Portugal tenga un artista como yo es la demostración de un país nuevo, del paso de una larga dictadura a una democracia”, cuenta. “Yo soy un producto de ello. Nací en París, pero vine a Portugal con tres años. Hice toda la escuela en democracia. Si me exiliara, en parte, Portugal dejaría de tener esa imagen internacional”.
La producción de Vasconcelos se genera en este hangar que se baña con la luz plateada del Tajo, aunque la exhibición de sus obras, en un 95%, se realiza en el extranjero. “Soy aceptada en mi país, porque me ven como la representación de su tribu; otra cosa es la intelectualidad local de las artes plásticas, pero eso ocurre siempre con lo más cercano. No estoy cantando el fado, no me quejo”.
“El coraje, la valentía para romper tabúes lo aprendí en España. Los españoles tienen muchas más ganas de vivir, ganas de demostrar lo que puedes hacer. Hay una fuerza en España que en Portugal existe, pero de otra forma. El español tiene un coraje que me encanta. En España aprendí a tener más seguridad en mí misma; a no tener miedo a enseñar mi trabajo. En Portugal me decían ‘¿pero qué estás haciendo?’ Era un mundo cerrado, una mirada conservadora. El desarrollo de mi carrera empezó en España; sin Rosa Martínez no habría participado en la Bienal de Venecia en 2005, sin ella no sería lo que soy hoy, no habría llegado a Versalles. Yo, como artista portuguesa no tenía acceso internacional desde Portugal”.
Peinada y maquillada para la ocasión, Vasconcelos supervisa J’Adore Miss Dior, piezas de un gigantesco lazo, incrustado de luces led, que pronto se expondrá en la Fundación Dior. En otro lado se levanta su emblemático corazón, no menos grande, realizado con cuchillos rojos de plástico. Parece que a la escultora Vasconcelos el tamaño sí le importa. “La escala importa; pero en mi caso solo porque quiere decir algo. La escala es un proceso de traducción de un concepto a realidad. Yo tengo la idea para un tema y debo encontrar la tridimensionalidad que traduzca esa forma de pensar. Las cosas que me pasan por mi cabeza las traduzco en objetos y para ello hay que buscar los materiales. La escala aparece luego en ese proceso”.
¿Y cómo se llega a que Marilyn (2009), un zapato de tacón, mida tres metros de alto por cuatro de largo? “El reto era la idea: traducir la imagen de la mujer contemporánea, que juega a la vez varios papeles en la sociedad; madre, en el desayuno; empresaria, en el almuerzo, y a la noche, vístete para ir al teatro o a un cóctel. Solo ahora se plantean tantos papeles a la vez en la mujer. Antiguamente tenía uno, luego dos. Ahora es frecuente tres en el mismo día. ¿Cómo hablar de esta complicación de papeles? Bueno, la representamos con un zapato, está claro; ¿y el cóctel?, con un tacón de aguja; bien, me faltaba el ama de casa. El símbolo era una cacerola. Podía haber elegido una más pequeña, pero elegí la que tiene un lenguaje universal, la del arroz, la que existe en todas las culturas. Y para exponer todo, el zapato alcanzó una dimensión gigantesca, pero si me pregunta cuántas cacerolas tiene o cuánto mide el tacón no lo sé, no me interesa. Me preocupa si el objeto transmite la idea, si hay comunicación con la gente que lo ve; una comunicación física, que cuando te acerques al zapato pase algo; esa es mi preocupación. No es el tamaño el que causa el impacto, a este se llega de otra forma: tocando en la cultura y en las preocupaciones de la gente. Eso no se hace con dimensiones, sino con emociones y con fisicalidad. Si me habla de escala, le diré que no es la palabra, que es la fisicalidad. La comunicación de los cuerpos es a través de las emociones. No es, ok, tú estás aquí delante y tú allí; tú eres una pintura y yo te miro y no pasa nada. Por eso me interesa más la escultura que la pintura”.

Por un momento Vasconcelos decide sentarse en su despacho, cuajado de objetos kitsch, de referencias a su obra pasada o futura. Sigue hablando, pero a la vez dibuja en un cuaderno arabescos en diversas tintas. Detrás se acumulan los anuarios de su febril actividad. Ha cumplido los 43 y ya lleva más de 22 en la carrera.
Y son 13 los años de A noiva (la novia), una enorme lámpara donde los tradicionales cristales de Murano fueron sustituidos por tampones, uno de esos objetos cotidianos de los que ni se habla ni, menos aún, se muestran en público. “Tuvo mucho que ver con la boda de una amiga que había decidido casarse de blanco”, recuerda la escultora. “Me chocó. El vestido blanco, la perfección, la virginidad; ese día, la mujer se vuelve un objeto. Su vestido es iconográfico, una realidad idealizada por todos, la de la perfección. Es curioso, porque la perfección no existe y, además, el blanco es la pureza, la virginidad, y la mayoría no es virgen el día de su boda. Al hombre le encanta que la mujer esté perfecta ese día. Hay un choque entre la realidad y la imagen que se crea de una perfección abstracta inexistente. Es la dificultad de aceptar a la mujer como es hoy. Se mantiene la tradición. A noiva representa la contradicción entre la mujer tradicional y la contemporánea, que vive la sexualidad de otra manera. La lámpara es la tradición de la casa, del lujo europeo, de la virginidad. Yo hablo mucho de esta contradicción de contemporaneidad y pasado; mujer y hombre, de la dualidad, muy común a los portugueses. Es al final, yo lo veo así, muy poético, muy desa­sosiego, muy Pessoa en ese sentido”.
Uno hubiera esperado en este tiempo la parejita, El novio, una lámpara igual, pero a base de condones. “No es necesaria”, se despacha la creadora. “No estamos en un momento en que se cuestiona al hombre. Se cuestiona a la mujer, la presencia de la mujer en la sociedad. Esa es la cuestión, dónde va, cómo va a compatibilizar su rol familiar, cómo está la mujer europea, cómo va a ser el futuro, la natalidad. Hay muchos temas que están directamente conectados con la presencia activa de la mujer en la sociedad”.
Oyéndola, y viéndola moverse con su túnica negra hasta los pies, parece la Juana de Arco del feminismo… “Rechazo el feminismo de las cuotas. El feminismo de los setenta fue muy importante en su momento, pero no me veo una feminista de los setenta; me inclino por los derechos humanos. La mujer ha de conseguir los mismos derechos que los hombres, por ese lado sí soy feminista. La condición femenina hoy todavía no está al mismo nivel que la del hombre. Hay muchas mujeres en el mundo que no tienen las mismas condiciones de vida que yo, y por eso no tienen las mismas condiciones humanas. Los derechos humanos están por encima del feminismo y de las cuotas de puestos. El día de la final del Mundial de fútbol veía a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, entregando la Copa a Angela Merkel, la canciller de Alemania. Bueno, me dije, el mundo está cambiando. Mujeres muy diferentes, zonas del mundo muy diferentes, grandes potencias dirigidas por mujeres. Es decir, que las mujeres llegan al poder. La mujer ya tiene su lugar, pero hay aspectos de los derechos humanos que todavía no llegan a la mujer, que siguen estando muy mal, incluso en nuestros países desarrollados”.
Lo sufrió ella misma con su obra Burka (2002), un amasijo de telas con la prenda-cárcel, que se eleva con una grúa y que cae abruptamente contra el suelo. Probablemente su obra más cruda. “Paradójicamente, Burka fue censurada en Versalles. Llegas a París, la Revolución Francesa, liberté, egalité, fraternité, la gran exposición de tu vida y una mujer, la comisaria, decide prohibir su exhibición. Te das cuenta de que hay todavía muchas conquistas por delante entre nosotros”.
No es el caso de Burka, pero sí de muchas obras suyas, como Lilicoptere (2012), el helicóptero emplumado de rosa; o Piano Dentelle (2011), el piano forrado de croché de la pata a la cola; o con Carmen (2001), la lámpara gigantesca realizada con pendientes de andaluza; ante ellas, y otras muchas, la gente sonríe al contemplarlas. “No me molesta en absoluto, al contrario, me encanta. Me llena de orgullo. La sonrisa es el placer de la vida. Cuando la gente entra y hace ‘¡guauuu!, ¡qué divertido!’, para mí es lo máximo; es lo que quiero yo, que la gente ame la vida, pero que a la vez se plantee cosas. Que el arte tenga que ser aburrido y abstracto, siempre demostrando la insignificancia del espectador, esa idea elitista de que el arte solo lo deben entender algunos, lo veo muy anticuado. La cultura es mucho más grande y diversificada que antes. No tiene sentido que el arte esté al alcance solo de algunos. Los museos están hechos para que el ciudadano vea las obras. Si el arte no comunica con el público no está ejerciendo su misión”.
Millón y medio de personas visitaron su exposición en el Palacio de Versalles (2012). La realizada en el lisboeta palacio de Ajuda (2013) atrajo a 270.000 personas, cuatro veces más que la más popular en la historia de Portugal. Este año, en Manchester, se repitió el éxito. Su popularidad casa poco con los cánones artísticos. “Hay un prejuicio intelectual. Si tú eres un superventas, no tienes calidad, no eres intelectualidad. Pero hay una cuestión básica: tú tienes que comunicar, si no para qué expones en un museo. El otro día, un comisario me comentaba que él solo organiza exposiciones de 20.000 visitas, porque las de 100.000 no le interesan. Yo nunca había valorado el arte así. Yo había pensado en buenos y malos artistas, pero no sabía que hubiera un límite de público para ser un gran artista; a medida que aumenta, decae tu calidad. Es importante tener visitantes. Yo consigo la sonrisa, la reacción de la gente ante mi obra, y después del ¡guau!, si la gente tiene un poco más de tiempo para pensar, mejor. Yo consigo comunicar, pasar mis preocupaciones, mis obsesiones, mi estado de espíritu. La gente con mi obra piensa, y con ello puede haber una transformación del mundo. Yo ayudo con mis cosas a comunicar para que todos cambiemos para algo mejor; pero sin hacer algo no hay transformación; con números, con más visitantes, es más posible el cambio”.
“Mis obras tienen dos tiempos”, continúa Vasconcelos, a la que le solivianta el tema de la intelligentsia. “La primera mirada: cuando la lámpara se ve de lejos, es una lámpara muy bonita; y una segunda mirada, cuando la gente se acerca, y ¡oh!, no es de cristales sino de tampones. Las caras cambian del superguay a algo muy raro. Lo que empezó con una sonrisa, no sabes si seguirá con un lloro, si esconderán al niño, si darán media vuelta… No saben qué hacer. Ahí empieza el pensamiento. Hay los que se quedan en la primera mirada, pero también los que no. Veo mis piezas muy democráticas. Si te quieres quedar en el primer flash, adelante, pero si quieres pensar más, yo les doy la oportunidad, pero de una forma natural, agradable. No es el ‘tú no entiendes nada, estúdiate el folleto antes para que puedas ponerte a la altura de mi obra”.

En el piso de arriba, arquitectos e ingenieros calculan los problemas técnicos de lo que imagina Vasconcelos. Las paredes están llenas de planos, donde se disecciona la obra en fórmulas matemáticas. Todos los cálculos para que no ocurra una catástrofe; con Blue Champagne, un candelabro de 10 metros de altura formado con 2.071 botellas, o cómo colgar La Walkiria, un monstruo textil de 13 metros de largo por 6 de alto, en un palacio que no permite ni taladros ni berbiquís. Paseando por los diferentes departamentos de la factoría de arte, resulta difícil adivinar hacia dónde va Vasconcelos. “No lo sé. No tengo una línea conductora. La escultura tiene un estereotipo muy determinado, muy tradicional. Es un hombre, fuerte, grande, y trabaja un material duro, llámese Rodin o Serra, con sus gigantescas obras de hierro. O madera, o piedra. Son los materiales clásicos y el sexo es masculino. Cuando llega la mujer a la escultura, su mirada sobre los materiales es diferente”.
De los materiales nobles, como el hierro o el mármol, Vasconcelos se ha precipitado a lo más mundano, como el tendedero o la plancha. “Tengo una identidad nueva, que poco tiene que ver con la ecuación artista-material. El hombre es un escultor con un material que trabaja toda su vida. El hombre es un individuo práctico, técnica-materia-hombre. La mujer no es así, hace muchas cosas al mismo tiempo, tiene una capacidad de mirada desde muchos ángulos. Es una característica femenina. Yo no tengo un material, tengo muchos materiales. No sigo como un hombre, todo muy claro y muy determinado y muy concreto. No tengo una línea única”.
En una sala, 12 personas trabajan con sus dedos y una aguja en turnos de mañana y tarde. En silencio, para no perder la concentración, tejen punto de cruz de estilos y colores determinados por la Vasconcelos. Después forrarán leones, langostas o reproducciones de la Venus de Milo. Los objetos del hogar, del cuchillo de plástico a la plancha o al punto de cruz son una constante en la obra de Vasconcelos. “Yo soy mujer. Yo puedo hablar de lo doméstico. Es un conocimiento genético, hereditario de generaciones y generaciones de mujeres que a mí me dan la posibilidad de, ok, yo conozco esto, pero también puedo hacer algo más. La descontextualidad de esos objetos solo la puede hacer una mujer. El hombre no los conoce. Hemos nacido sabiendo lavar sábanas, fregar vajillas y quitar polvo a los muebles. Es un rito”.
Dos y media de la tarde, los empleados de Joana Vasconcelos recogen puntualmente la mesa plegable donde han almorzado mirando al Tajo. Una hora de descanso. Los informáticos vuelven a sus bases de datos, los arquitectos a rediseñar Blue Champagne, los ingenieros a ingeniar cómo colgar otra walkiria en otro palacio, los administrativos a controlar gastos y envíos de obras a Turquía, Corea o Singapur, las ágiles manos de costureras a seguir con su punto de cruz para forrar vacas o lo que esté brotando ahora por la cabeza de la Vasconcelos que, en estos momentos, parece enfrascada en supervisar cada nota musical de cada tecla de cada teléfono de su última obra, Call center, una gigantesca pistola, “que simboliza el poder de la comunicación, que controla nuestras vidas y nos está matando”.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Dos Jotas: Parque Público


El parque, ese espacio público cada vez más privado, con hora de apertura y cierre, sin espacios acondicionados al juego, sin luz nocturna, sin gente. Junto a los deportes típicamente urbanos como el skate, prácticamente criminalizado en todas las ciudades, por ejemplo Madrid, donde la circulación y realización de acrobacias con patines o monopatines por aceras o lugares para el tránsito peatonal está considerado como infracción grave, las multas pueden llegar hasta los 1.500 euros.  
La acción, dividida en dos partes, consistió por un lado en pintar frases relacionadas con el espacio público, la idea de parque y su uso. Por otro lado, la representación de los deportes urbanos desplazados de la ciudad a áreas creadas para su uso específico.

La intervención fue realizada sobre siete puentes situados en el parque Pradolongo, en el barrio de Usera, Madrid.


The park, this public space increasingly private, with opening and closing time, without spaces to play, without night light, without people. Along with the typical urban sports like skateboarding, criminalized in all cities, such as Madrid, where circulation and performing acrobatics on skates or skateboards on sidewalks or places for pedestrian traffic is considered as a serious offense, fines can reach to 1,500 euros.

The action is divided into two parts, one hand consisted of painting phrases about public space, the idea of park use. On the other hand the representation of the displaced urban sports of the city to specifically areas for use.


The intervention was performed on seven bridges in Pradolongo park in Usera district, Madrid.





Free entry

Acoustic pollution free zone

Leisure and enjoyment space

Improvises the way, surprising

Allowed to play ball
  
More trees, more swings, more play

Public recreation space


martes, 2 de diciembre de 2014

El Lissitzky, el artista total




Pintor, dibujante, diseñador, fotógrafo, tipógrafo, ilustrador, arquitecto, publicista y muchas otras cosas más. El Lissitzky (Lázar Márkovich Lisitski, 1890-1941) dominó, como pocos artistas, casi todas las ramas de la creatividad, transgrediéndolas todas de forma sistemática. Pieza clave de las vanguardias europeas, fue un gran activista de la propaganda del estalinismo de los años treinta hasta su muerte, un régimen marcado por el gran desarrollismo e industrialización del país a base de planes quinquenales, pero también por las purgas y deportaciones a campos de concentración. La exposición El Lissitzky. La experiencia de la totalidad que reúne a partir de este martes 138 obras de arte, objetos y publicaciones (de 13 instituciones europeas y dos americanas), reivindica en La Pedrera de Barcelona a este multiartista en una época, la primera mitad del siglo XX, de profundos cambios. La exposición que ya se ha visto en el Museo de Arte Moderno de Trento y el Museo Picasso de Málaga, llega a Barcelona con una decena de piezas nuevas que permiten entender mejor a este creador, como el cartel ¡Producid más tanques!,de 1941, en el que se instaba al pueblo a construir más armas para luchar contra la Alemania nazi; su última creación y la última pieza que puede verse en la exposición.
La muestra cierra el círculo iniciado en 1999 con cinco autores  clave de la vanguardia rusa como Marc Chagal, Kasimir Malévich, Vasili Kandinsky y Alexander Ródtxenko, que ya se han podido ver en La Pedrera en años anteriores. Con uno de ellos, Malévitk, consideraba que el arte y el trabajo eran inseparables; ya que éste no era una mera expresión personal y una producción de objetos, sino una actividad social y colectiva. Lissitzky creía que la industrialización que estaba viviendo su país llevaba a la creación de un hombre nuevo que rompía con su pasado. “No hay constancia de su vinculación directa con Stalin, ni de que fuera un protegido del régimen. De hecho, cuando él falleció su mujer y su hijo fueron deportados a Siberia”, explica Oliva María Rubio, comisaria de la exposición que repasa 25 años de la trayectoria de este artista perteneciente a una familia judía pudiente. “No sabemos lo que pensaba sobre el régimen”, sostiene Rubio, que lo define como “un superviviente en un mundo durísimo”, que ha remarcado que lo que quedará de él “más allá de su implicación en la propaganda del régimen son sus contribuciones en el mundo del arte”.
La exposición comienza en 1917 cuando El Lissitzky fue invitado por Chagall para impartir clases de arquitectura y grabado en el Instituto de Arte Popular de Vítebsk. Allí se suma a las actividades de apoyo al ejército revolucionario con acciones como la de colocar carteles que creaba con sus alumnos en tranvías y edificios para llamar la atención de los trabajadores. También con las primeras ilustraciones de cuentos populares yiddish —en las que integra texto e imagen— tras involucrarse en el movimiento a favor del resurgimiento de la cultura judía.

En Vítebsk también inventó su propio arte abstracto, que a finales de los años 20 comenzó a llamar Proun (proyectos de afirmación de lo nuevo) del que se exponen varias obras en manos de coleccionistas. “Se conservan pocas de estas obras, muy difícil de prestar", explica Rubio. Un paso más de estas realizaciones tridimensionales del arte son sus Espacios Proun (Prounenraum), donde la pared de la sala deja de ser soporte de las obras para ser parte del discurso. Lo vemos en la reconstrucción del que creó en 1923 para la Gran Exposición de Arte de Berlín, donde las obras parecen flotar en el aire en un universo geométrico. También en las fotografías del Gabinete de los Abstractos destruido en 1937 por los nazis al considerarse el paradigma del llamado “arte degenerado”.
A partir de 1921, año en el que se licenció en Ingeniería Arquitectónica en Alemania, comienza a viajar por media Europa, difundiendo sus ideas y entrando en contacto con artistas como Mies van der Rohe, Le Corbusier o Theo van Doesburg. Pero a juicio de Rubio, Lissitzky fue un “arquitecto frustrado”, ya que ninguno de sus proyectos —como el Estadio Rojo en las colinas Lenin de Moscú, de 1925, o el club para obreros de la comuna de Kostino, de 1927— se puso en práctica por el alto coste que suponían para un país como la URSS. Uno de sus proyectos más famoso es su rascacielos horizontal Wolkensbügel, que planificó en 1925 para uno de los barrios de Moscú, del que se conservan todo tipo de planos, detalles y descripciones, e incluso fotomontajes. Entre los proyectos que sí se materializaron se pueden ver sus pabellones para exposiciones y ferias como la de la Prensa de Colonia, de 1928, la de Peletería de Leipzig y la Higiene de Dresde en 1930.
Creó tipografías como la de la marca Pelikan (trabajos con los que se pagó su estancia en sanatorios para tratarse la tuberculosis que padecía desde 1923), trabajó durante años elaborando carteles y publicaciones de propaganda del régimen de gran audacia en su composición y formato. Durante años dirigió junto con su mujer Sophie Küppers los contenidos de la revista URSS en construcción —fundada por Máximo Gorki— que se tradujo a seis idiomas, incluso el español, y que era el órgano de mayor difusión del régimen en el exterior. En la exposición se pueden ver algunos de estos ejemplares llenos de fotomontajes y collages que lo acercan al cine, casi todos muy osados como el de la impactante portada del número 2-3 de 1940, en la que dos hombres se besan apasionadamente. “El trasfondo es otro”, explica la comisaria: Representa el Tratado de no Agresión entre la Alemania nazi y la URSS de 1939 en el que los dos países se repartían, en secreto, la Europa Central y del Este. No hay mejor imagen del acuerdo que este beso.

BLANCA ORAA MOYUA

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