domingo, 2 de diciembre de 2018

viernes, 30 de noviembre de 2018

Robert Morris en la Tate modern 2009/05/31



Estos días, y hasta el próximo 14 de junio, la sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres acoge Bodyspacemotionthings, una reconstrucción de algunas de las piezas que Robert Morris realizó en 1971 con motivo de la exposición antológica que sobre su obra pretendió realizar la entonces Tate Gallery. Una exposición, la de 1971, que, con el tiempo, se ha convertido en uno de los modelos de subversión a la institución museística contemporánea.
La fama que a principios de los setenta Morris había adquirido como escultor minimalista hizo que la Tate se interesara en la realización de una exposición retrospectiva. Tras unos meses de negociación con el comisario, Michael Compton, Morris decidió evitar el modelo tradicional de exposición y decantarse por lo que llamó un modelo “no autoritario”, intentando evitar la imposición de una imagen oficial de su trayectoria. Así que, en lugar de reconstruir sus piezas minimalistas, diseñó tres espacios interactivos que creaban diferentes relaciones físicas entre los espectadores y los objetos y estructuras que dividían las áreas de la exposición. Y para ellos hizo construir una serie de objetos interactivos entre los que se encontraban un rodillo de granito para andar, plataformas de metal sobre las que había que arrastrar objetos pesados que llevaban cuerdas y que recordaban a sus piezas de nudos de la década anterior, una gran bola de madera que había que mover en torno a unas vías circulares, una cuerda de equilibrista para atravesar una parte de la galería, una serie túneles por los que cruzar y balancearse, plataformas de madera para subirse y una serie de rampas para escalar.
Todas las piezas se realizaron en materiales baratos y fueron concebidas para ser destruidas después de la exposición, procedimiento que ya había empleado Morris en sus piezas minimalistas y que volvió a emplear incluso en su retrospectiva de 1994 para el museo Guggenheim.
Junto a cada objeto o estructura había una fotografía que mostraba las posibles acciones que se podían realizar con el dispositivo, de modo que quedaba bien claro que el espectador debía interactuar con los objetos. No era un espacio para ver, sino para experimentar. Un espacio de juego. Como se ha descrito en más de una ocasión, el aspecto de la muestra era prácticamente el de un patio de recreo. Un espacio para la relación del visitante con los objetos y con las estructuras.
En cierto modo, se podría decir que aquí se adelantan muchos de los conceptos que serán teorizados por Nicolas Bourriaud en su estética relacional. El espacio artístico se convierte en un lugar para el juego y la experiencia. Como sugirió el propio Morris en una carta al comisario de la exposición, Michael Compton, pretendía crear “una situación donde la gente pudiera ser más consciente de sí misma y de su propia experiencia mejor que ser consciente de la de una versión de mi experiencia”.
La experiencia que Morris quería provocar tenía que ver con el juego y el movimiento de los cuerpos. Eso era algo que ya había examinado en sus piezas de danza, pero incluso en las estructuras minimalistas. Influenciado aún por las coreografías de Simone Forti, los objetos que Morris construirá serán esencialmente dispositivos relacionales, muchos de ellos directamente inspirados en los utilizados a principios de los sesenta en las danzas de Forti, especialmente algunas rampas de escalada.
La importancia dada al movimiento, la experiencia y el juego, en lugar de a la contemplación y a la autonomía de los objetos, intentaba desmontar tanto la noción de obra de arte autónoma como el papel del museo como espacio separado de la vida. El espacio de exposición se convertía ahora en un lugar en el que se daba cabida a actitudes que eran reprimidas en la vida social. En cierta manera, en el espectador se producía una liberación cinestésica que ponía en movimiento impulsos que habían sido reprimidos desde la infancia. A través de ruptura de las reglas, que se inspiraba en las teorías sobre la desublimación de Marcuse, Morris pretendió “liberar el objeto artístico del control represivo de lo que Maurice Berger ha llamado “el triángulo de hierro del mundo del arte”, es decir, el espacio producido por las galerías, los museos y los medios.
Esta exposición fue un intento de reinventar el museo como espacio de libertad, subvirtiendo su estructura represiva. Y esa libertad fue entendida como una amenaza por los responsables de la institución, que comenzaron a ver cómo se producían una serie de lesiones e incidentes entre los visitantes y, progresivamente, también en las instalaciones. Por tal razón, y bajo la excusa de la “protección del público”, la exposición fue clausurada a los cinco días de la inauguración.
Una semana después, y sin la colaboración del artista, el museo organizó una retrospectiva “tradicional” con obras pertenecientes a varias colecciones. Una retrospectiva que, esta vez, sí realizaba un recorrido por la obra de Morris, centrándose especialmente en sus piezas minimalistas, el verdadero objeto del deseo de la Tate Gallery a la hora de pensar en una exposición de Robert Morris.
Paradójicamente, treinta y ocho años después, la Sala de Turbinas de la Tate Modern reconstruye esta exposición frustrada que, con el tiempo, se ha convertido en uno de los referentes de la crítica institucional y de las posibilidades del museo como espacio de creación de socialidad. Parece que la experiencia con las grietas de Doris Salcedo, en las que algún espectador salió mal parado, ha fortalecido una institución que ya no tiene miedo de que los visitantes se fracturen la clavícula.
Definitivamente, el museo ha perdido el miedo al accidente.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

jueves, 22 de noviembre de 2018

Ai Weiwei, el activista Chino en la UNAM



El artista chino Ai Weiwei (1957) ha sido ampliamente difundido por sus colaboraciones con los arquitectos suizos Herzog & de Meuron como asesor artístico en el Estadio Nacional de Pekín para los Juegos Olímpicos de 2008, por su famosa obra donde destruyó un jarrón de la dinastía ming, pero poco por sus escritos, que a mi parecen no sólo son críticos sino también son rotundamente filosóficos.
Sin mencionar que el padre de Ai, Ai Qing es uno de los mejores poetas chinos del siglo XX, quien  fuera acusado de intelectual derechista por el régimen de Mao Zedong y fue desterrado, primero al noreste del país, y posteriormente, a la región musulmana de Xinjiang, en el oeste. Uno de estos textos es “Cómo funciona la censura” escrito para el New York Times, donde el también activista escribe sobre la censura que ha sufrido de parte del gobierno chino desde sus comienzos como artistas.





La vida en China está saturada de simulación. La gente finge ignorancia y recurre a ambigüedades. En China, todos saben que existe un sistema de censura, pero se habla poco de por qué existe. A primera vista, la censura parece invisible, pero su omnipresencia, que desdibuja los sentimientos y percepciones de las personas, crea límites en la información que reciben, la que seleccionan y a la que recurren.
El contenido que ofrecen los medios estatales chinos, tras ser procesado por los censores políticos, no es información libre. Es información que ha sido seleccionada, filtrada y a la que se le ha asignado su sitio, por lo que se restringe de manera inevitable la voluntad libre e independiente de los lectores y observadores.



El daño de un sistema de censura no solo consiste en empobrecer la vida intelectual; también distorsiona el orden racional en el que se comprenden el mundo espiritual y el natural. El sistema de censura confía en privar a una persona de la percepción necesaria para mantener una existencia independiente. Nos priva de tener acceso a nuestra independencia y felicidad.
El discurso censor elimina la libertad de elegir qué internalizar y expresar a los demás y esto inevitablemente provoca que la gente se deprima. Dondequiera que domina el miedo, se desvanece la verdadera felicidad, y la fuerza de voluntad individual se agota. Los juicios se distorsionan y la racionalidad comienza a desaparecer. El comportamiento colectivo puede volverse errático, anormal y violento.





Eso es lo que tenemos en China: una mayoría autosilenciada, aduladora de un régimen poderoso, muestra resentimiento contra gente como yo, que habla y se muestra resentida por partida doble porque sabe que su degradación es autoinflingida. Por lo tanto, la defensa propia se convierte en una actitud comodina.”
Weiwei ha criticado abiertamente al gobierno chino por su postura respecto a la democracia y los derechos humanos. También ha investigado corrupción gubernamental y encubrimientos en China, particularmente el caso del derrumbe de escuelas en Sichuan tras el terremoto de 2008.​ El 3 de abril de 2011 fue detenido en el aeropuerto internacional de Pekín, estuvo bajo arresto durante 81 días sin cargos oficiales, y funcionarios aludieron todo a “delitos económicos”.





El arte de este peculiar artista llegará a México en el marco del festejo del décimo aniversario del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM, que llegará para 2019.
Los directores del recinto comentaron que la exhibición es un pendiente para 2019 de abril a octubre. La muestra ocupará la sala más grande del museo, una parte sobre la dinastía Ming y otra dedicada a problemas actuales de México desarrollada con piezas de Lego.



Ai estudió en la Academia de Cine de Beijing, y luego fue parte del grupo artístico Stars (1979). En los 90 vivió en Estados Unidos. En China y en diversos países del mundo ha realizado varias exposiciones y curadurías. En 2016 y a través de su cuenta de Instagram, el artista compartió fotos de su recorrido por el Barrio Bravo de Tepito en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Reconocido por su compromiso con la defensa de los derechos humanos, el artista, curador y realizador cinematográfico traerá la reconstrucción del templo de la dinastía Ming, con 400 años de historia, que fue destruido. Ai Weiwei, además, se reunió con los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y visitó Ciudad Neza y Ecatepec.





Ai Weiwei en MUAC – UNAM

¿Dónde? Insurgentes 3000, Ciudad Universitaria, 04510 Ciudad de México, CDMX.
¿Cuándo? Abril 2019
Entrada libre



sábado, 17 de noviembre de 2018

sábado, 10 de noviembre de 2018

LA GRAN ANTROPOMETRÍA AZUL




En su breve carrera artística de siete años, interrumpida por su prematura muerte en 1962, Yves Klein creó un conjunto de obras heterogéneo y complejo desde el punto de vista crítico que anticipó gran parte del arte de las décadas posteriores, desde el Arte Conceptual al arte de la performance. Aunque Klein comenzó a crear lienzos monocromos a mediados de los cincuenta, abandonó la especificidad de lo pictórico para concebir el arte como algo independiente de cualquier medio o técnica particulares. Klein, artista posmoderno que se adelantó a su tiempo, proyectó el arte en lo invisible, compuso la Sinfonía Monótona Silencio (Symphonie Monoton Silence), imaginó una "arquitectura del aire", presentó sus actividades en público, se pasó a la fotografía, y encargó "una documentación" destinada a registrar sus obras más efímeras. Su programa dejaba en un segundo plano la técnica particular del artista y se centraba más en la capacidad de este para fomentar un mito generador de obras de todo tipo: "Un pintor ha de pintar una sola obra maestra: su propia persona, constantemente, y convertirse en una especie de pila atómica, una especie de generador de radiación constante que impregna la atmósfera con toda su presencia pictórica, que se fija en el espacio tras su paso"[1].
Preocupado por romper con toda forma de expresionismo, Klein "rechazó el pincel" prácticamente desde los inicios de su carrera porque era un instrumento que él consideraba "excesivamente psicológico" y empleaba rodillos, que eran "más anónimos" y le permitían "generar una ‘distancia' entre [él mismo] y [sus] lienzos"[2]. Entre 1958 y 1960 perfeccionó una técnica que le permitió ahondar en esta idea: utilizaba modelos desnudos a modo de "pinceles vivos" (pinceaux vivants) que creaban marcas y huellas bajo su dirección. Las Antropometrías (Anthropométries), como las bautizó el crítico Pierre Restany, amigo de Klein, mantenían la separación insistente de Klein entre la obra y su propio cuerpo y también le permitían revivir el desnudo sin recurrir a los medios tradicionales de representación. Klein presentó una demostración de la técnica en la Galerie Internationale d'Art Contemporain de París el 9 de marzo de 1960, a la que asistieron unos cien invitados. Mientras los músicos interpretaban la Sinfonía Monótona Silencio, el artista vestido de esmoquin dirigía las acciones de tres modelos desnudas que esparcían la pintura sobre sus torsos y muslos y presionaban o arrastraban sus cuerpos sobre hojas de papel blanco. Además de un "monocromo corpóreo", las pinturas resultantes incluían huellas estáticas simples y rastros dinámicos de los cuerpos en movimiento.
La gran Antropometría azul (ANT 105) [La grande Anthropométrie bleue (ANT 105), ca. 1960] forma parte de una serie de cuatro obras que representan la apoteosis de la técnica del "pincel vivo" de Klein. El artista se refería a estas obras como sus Batallas (Batailles), término que evoca el género de la pintura de historia dentro de la historia del arte, una conexión que también sugieren las grandes dimensiones de las obras. Como ha observado Nan Rosenthal, las Antropometrías de Klein son simbólicas y representativas, en cuanto a que "parecen ilustrar a un sujeto y sus huellas literales"[3]. No obstante, algunos de estos trazos resultantes son más abstractos que otros. En La gran Antropometría azul (ANT 105), las formas corpóreas de las figuras son ilegibles y sus movimientos por el papel quedan plasmados más como estallidos explosivos, salpicaduras y manchas de pintura, como si el artista quisiera burlarse del Arte Informal europeo o de la pintura del Expresionismo Abstracto americano.
1. Yves Klein, "Quelques extraits de mon journal en 1957", en Klein, Le dépassement de la problématique de l'art, Éditions Montbliart, La Louvière, 1959, págs. 43 y 44.
2. Yves Klein, "Le vrai devient réalité", Zero, n.º 3, Düsseldorf, julio de 1961, pág. 86.
3. Nan Rosenthal, "Assisted Levitation: The Art of Yves Klein", enYves Klein, 1928–1962, pág. 122.
Fuentes:
Denys Riout, "Yves Klein", en Colección del Museo Guggenheim Bilbao, Guggenheim Bilbao Museoa, Bilbao y TF Editores, Madrid, 2009.
Nancy Spector, "Yves Klein", en Spector (ed.), Guggenheim Museum Collection: A to Z, Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York, 2009.




martes, 6 de noviembre de 2018

lunes, 5 de noviembre de 2018

domingo, 28 de octubre de 2018

Billy Bao en Hong Kong


















Oct 27, 2018 | 7 - 11 PM
(中文資料請往下拉)
Empty Gallery is proud to present a fall night of raucous, ecstatic, and fiercely irreverent music from Cantonese hardcore band NYPD ( 南洋派對), Basque noise-rockers Billy Bao, and industrial/minimal wave weirdos Taibach. Local four-piece NYPD will open the night with a set of off-kilter punk jams featuring lead vocalist Jon’s musings on late nights in Tai Kok Tsui, relationships in Hong Kong, and local eating habits - among other subjects. Spanish noise-rock band Billy Bao will follow with their first Hong Kong performance. Formed by notorious theorist, sound artist, and noise musician Mattin (collaborator of Junko, Oren Ambarchi, and Tony Conrad among others) Billy Bao traffics in an abrasive, ritualistic, and sloppy form of “degenerate rock” which is sure to upset anyone with normative expectations about sound, genre, or musical “skill”. Last, but certainly not least, Empty will host a rare public performance by mysterious electronic duo Taibach, finally emerging from the shadows after years of furtive and tenuous rehearsals. Conceptualized by two well-known arts professionals who wish to remain anonymous, Taibach plays martial electronic music drawing influence from classic industrial bands, techno, and electro. With a name combining references to their ancestral homeland of Taiwan and the infamous Slovenian industrial group Laibach, Taibach restages the classic thematics and aesthetic strategies of industrial music - applying them in a timely and incisive manner to the current East Asian political situation. A necessary corrective to our usual program of occasionally staid experimental and avant-garde music, Empty invites you to come let your hair down for the night.
入秋之際,Empty Gallery 即為大家帶來一場喧鬧狂喜的音樂盛會,由玩世不恭的粵語硬蕊組合南洋派對(NYPD),到加泰羅尼亞噪音搖滾樂隊Billy Bao和工業音樂/極簡音潮怪客Taibach輪流登場。本地薑南洋派對會拉開當晚序幕,以非常態的龐克即興奏出主音Jon在大角咀渡過無數深宵的所思所想,聯繫到香港的人際關係及本地的飲食習慣等等。西班牙噪音搖滾樂隊Billy Bao會接力出場,送上他們在香港的首個演出。Billy Bao由人所週知的理論家,聲音藝術家和噪音樂手Mattin (Junko,Oren Ambarchi和Tony Conrad等人的合作者)成立,這樂團游刃於一種帶磨蝕質地,具儀式性和輕率化的 「墜落搖滾」,其演出肯定會擾亂在場每一位對聲音,體裁及音樂「技巧」的慣常期望。壓軸環節就是神秘電樂二人組合Taibach難得一遇的公開演出,乃其多年閉關密練所修成的音樂正果。Taibach是由兩位堅持匿名的知名藝術專業人士構思而成,其演奏的電子軍樂深受典型工業音樂,鐵克諾和電音的影響。組合名稱靈感來自成員祖上的故鄉台灣(Taiwan) 和聲名不輕的斯洛文尼亞工業音樂樂團Laibach。Taibach 重現工業音樂的經典主題和美學策略,並以一個適時精準的方式將它們置入東亞當下的政治狀態。而為了對我們一貫間或穩扎的實驗與前衛音樂節目作出一個必要的糾正,我們誠邀你來盡情享受這個精彩的週未晚上!

lunes, 22 de octubre de 2018

Exposición de Miriam Ocariz en Sala Rekalde






Sala Rekalde presenta  la retrospectiva más amplia realizada sobre la obra de MIRIAM OCARIZ (Bilbao, 1968), una de las artistas más importantes del mundo del diseño en la actualidad, representante imprescindible de la contemporaneidad estética ligada al diseño y a la moda, con especial atención a sus estampados aplicados a tejidos.
Este proyecto surge para mostrar el interés del universo creativo de Miriam Ocariz, su mirada personal y la representación de su naturaleza imaginativa.
MIRIAM OCARIZ
La exposición supera el mundo del diseño de moda y desarrolla un recorrido enfocado al trabajo creativo interior de la autora, dando protagonismo al dibujo como fuente inicial y primordial de su labor. El dibujo es intervenido y manipulado dando lugar a múltiples variaciones: estampado en papel pintado, ropa de hogar, prendas de vestir, bolsos y pañuelos. También se presta especial atención a la creación más íntima de objetos, joyas y esculturas.
El hilo conductor de la exposición es el color que recorre todo la sala a través de un mural: del blanco al negro pasando por el rosa y el rojo. El color con sus historias ilustradas articulan la narración de la muestra.
Los colores engloban un mundo propio, único y peculiar; de lo infantil y naif al humor, la ironía, el drama, lo visceral, la fantasía y lo real, entremezclándose con distintos lenguajes plásticos.
La sala será recubierta en todo su perímetro por un mural que servirá de nexo conductor de la exposición, representando a través de las imágenes dibujadas diferentes estados emocionales simbolizados en colores. También se crearán diversas estancias donde los objetos y los dibujos conformaran instalaciones, siempre remarcados por prendas y fotografías. Además se proyectará un video con extractos de sus desfiles de moda.
La exposición seleccionará trabajos realizados desde sus comienzos hasta algunas piezas inéditas creados en el 2018.
Fecha: 25 Octubre 2018 – 27 Enero 2019
Lugar: Sala Rekalde

domingo, 21 de octubre de 2018

Eugenio Ampudia


"Quizá no exista el tiempo, quizá somos tiempo"

Artista de la ironía y el doble sentido, Eugenio Ampudia (Valladolid, 1958) nos anima a Sostener el infinito en la palma de la mano con su exposición en la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid. A jugar con el tiempo.


EL CULTURAL | 12/10/2018 |  Edición impresa

Eugenio Ampudia. Ilustración: Ulises
¿Qué libro tiene entre manos?
Gran Hotel Abismo, de Stuart Jeffries.

¿Qué le hace abandonar la lectura de un libro?
No consigo terminar nunca nada que hable sobre realidad especulativa.

¿Con qué personaje (escritor, artista, real o de ficción...) le gustaría tomar un café mañana?
Puestos a pedir, con RimbaudPaul BowlesAdorno... aunque seguramente no tomaríamos café.

¿Recuerda el primer libro que leyó en su vida?
El sastrecillo valiente, de los Hermanos Grimm. Una versión antigua, que era de mi madre, en la que Mickey Mouse hacía de sastrecillo, era un libro pop-up.

¿Cuáles son sus hábitos de lectura, es de tableta, de papel, lee por la mañana, por la noche...?
En papel. Los estropeo bastante, recorto trozos, los garabateo, marco y arrugo.

Cuéntenos la experiencia cultural que cambió su manera de ver la vida.
De pequeño, con cuatro años, iba a la escuela en un pueblo de Teruel. El primer día vi que mi mesa, un antiguo pupitre, estaba, como el resto de mesas de la clase, negro por las manchas de tinta caídas a lo largo de los años. Con una cuchilla de las de abrir ampollas de medicamentos que me dio mi padre, que era veterinario, rasqué durante dos meses la mitad de ese pupitre, exactamente el espacio que me correspondía, y salió el color madera. La imagen de todas las mesas negras, menos la mitad de una, era realmente curiosa.

¿El arte contemporáneo es una nebulosa sin reglas?
Para mí el arte contemporáneo es un sistema eficaz para comunicar lo que quiero contar.

¿Quién manda en el mundo del arte?
Todos, todo lo que pueden, cada uno desde la posición que se le ha otorgado.

¿Qué artistas le emocionan más? ¿De qué artista tendría una obra en su casa?
Tendría una obra con mejillones de Broodthaers, el blanco sobre blanco de Malevich, la fuente de Bruce Nauman... Me parecen amables para convivir con ellas, aunque poseer es peligroso.

¿Nos revela su peor experiencia en el mundo del arte?
Trabajar en esto implica convivir con la contradicción y las malas experiencias.

Sostener el infinito en la palma de la mano es una gran instalación/laberinto con relojes, ¿le obsesiona el tiempo?
Quizá no exista el tiempo, quizá somos tiempo.

Ha puesto en órbita al Museo Guggenheim y recorrido el Prado en moto, ¿cuál es el papel de los museos?
Ser ágora y plataforma, plantear ideas, gestionarlas y acercarlas a los ciudadanos.

Ha dormido en varios, también en la Alhambra y en alguna biblioteca, ¿le cansa el arte o el saber le produce sueño? 
Me descansa el arte y el saber me produce sueños.

Jugar al Tetris con la historia del arte tiene también mucho de crítica a la institución, ¿por qué este examen constante al mundo del arte?
Mi trabajo consiste en sacar conclusiones estéticas y políticas sobre lo que sucede a mi alrededor. El mundo del arte me queda muy cerca.

¿Cuál ha sido la última exposición que ha visitado? Ejerza con voz de crítico.
La mía. Está bastante bien.

¿Le importa la crítica? ¿Le sirve para algo?
Criti ¿qué?

¿Cuál es la película que más veces ha visto?
El manuscrito encontrado en Zaragoza, de Wojciech Jerzy Has. La he visto 4 ó 5 veces, pero no he logrado entenderla.

¿Qué libro debe leer el presidente del Gobierno?
Bello como una prisión en llamas, de Julius Van Daal.

¿Le gusta España? Denos sus razones.
Sí, es casa.

Regálenos una idea para mejorar la situación cultural.
Soñar despiertos. 

jueves, 18 de octubre de 2018

Universo de islas o islas universo, Julia Irazustabarrena

Beatriz Herráez_La historiadora del arte y comisaria vitoriana, especializada en arte contemporáneo, toma el relevo de Daniel Castillejo al frente del museo





Beatriz Herráez, nueva directora de Artium./Blanca Castillo
Beatriz Herráez, nueva directora de Artium. / BLANCA CASTILLO


JORGE BARBÓ

Artium inicia a partir de este jueves una nueva etapa de la mano Beatriz Herráez (Vitoria, 1974), historiadora del arte y comisaria de exposiciones organizadas en prestigiosas instituciones como el Reina Sofía, el Sculpture Center de Nueva YorkAzkuna Zentroa y Tabakalera. Tal y como ha aprobado esta mañana el comité ejecutivo del museo, será ella la encargada de pilotar el nuevo proyecto para el centro-museo tras la anunciada marcha de Daniel Castillejo, que el próximo lunes regresará a su plaza como conservador en el buque insignia de la vanguardia alavesa, de la que ha sido su director durante una década. 
Agradecida porque tanto el comité ejecutivo del museo como el patronato eligieran su proyecto por unanimidad, en la presentación pública que ha tenido lugar esta mañana en Artium Herráez ha reconocido estar «muy ilusionada» ante la nueva etapa que ahora le tocará gestionar. «Creo conocer bien la historia y la colección del museo», ha apuntado, al tiempo que ha reconocido no haber tenido todavía tiempo de contactar con el equipo del centro. «Mi propuesta inicide en la idea de mediación, porque entiendo que un museo tiene como obligación dotar a la ciudadanía de herramientas para que pueda disfrutar del arte contemporáneo», ha esbozado sobre las que serán las líneas maestras de su dirección.
Por su parte, el diputado general, Ramiro González, ha querido agradecer el trabajo desempeñado por Daniel Castillejo al frente de la institución-«en unas condiciones que no siempre han sido fáciles», ha reconocido- y ha destacado el «amplio currículum» de la flamante directora, «sobradamente conocida en el mundo del arte». En efecto, Herráez cuenta con una extensa trayectoria profesional en el ámbito del comisariado de arte contemporáneo. Durante cuatro años formó parte del equipo del Departamento de Colecciones del Reina Sofía, donde comisionó varias exposiciones junto al director del museo, Manuel Borja Villel. Antes ocupó el cargo de comisaria jefe en Montehermoso, en la etapa en la que el centro tuvo al frente a Xabier Arakistain.
Autora de numerosos ensayos y monografías de artistas, su labor investigadora se centra en la construcción de narrativas históricas y los lenguajes artísticos contemporáneos. Entre sus últimos trabajos se encuentra la dirección de la edición 2018-2019 del programa itinerante Komisario Berriak y hasta ahora estaba inmersa en la preparación de una muestra para los espacios del Palau de la Virreina en Barcelona.
Su potente currículum ha hecho que Beatriz Herráez se haya acabado imponiendo en el concurso público que se abrió para relevar a Daniel Castillejo, que anunció el pasado mes de abril su intención de abandonar la dirección de Artium tras unos años marcados por duros ajustes económicos. El comité de expertos formado por Miguel ZugazaLourdes Fernández y Natxo Rodríguez Arkaute recibió una decena de candidaturaspara el puesto, aunque sólo ocho de los candidatos cumplían con los requisitos para el puesto. 
La nueva directora se pondrá al frente de una institución que atesora unos fondos con más de 3.100 piezas, cuyo valor de seguro supera los 70 millones de euros. En sus 16 años de vida, Artium ha conseguido atraer a más de 1,3 millones de visitantes.


domingo, 14 de octubre de 2018

EDUARDO ARROYO / PINTOR-ESCRITOR “Del cuadro y de la literatura siempre vuelvo derrotado”

FELIPE NIETO





29 DE NOVIEMBRE DE 2017
Hace pocos días, el pasado 19 de noviembre, se clausuró la gran exposición retrospectiva de Eduardo Arroyo en la Fundación Maeght de Saint Paul de Vance En el respeto de las tradiciones. La hora del cierre es buena ocasión para conversar con el pintor en su estudio-biblioteca del centro de Madrid. Descansado ya de los compromisos y requerimientos públicos, podemos establecer un balance provisional de la muestra francesa, repasar de nuevo los hitos fundamentales de su evolución artística y tomar nota de los proyectos para el inmediato futuro con los que, a sus bien cumplidos 80 años, sigue comprometido el artista, pintor-escritor.
Por el número de visitantes, según los responsables de la Fundación, la exposición ha superado todas las expectativas. Franceses, italianos, alemanes, seguidos a distancia por el público español, han recorrido y llenado un espacio íntegramente dedicado al artista. Además han agotado el catálogo en la librería del museo, atraídos con seguridad, no solo por la reproducción de la pintura, sino por la antología de la obra literaria de Arroyo que también se publica.
El pintor cree que, por fin, para Francia, el país donde primero y más veces ha expuesto, como para España en buena medida, la exposición “ha sido una cosa sorprendente. Quizá los franceses hayan descubierto más cosas de las que sabían de mí. Y también los españoles, creo que ha ido muy bien”.
¿Cómo te planteaste en principio esta amplia antológica?
No iba a ser alto en el camino, ni mi testamento. Ha sido la ocasión de mostrar mi trabajo; estaba convencido de que cuando enseñara mi trabajo la gente estaría sorprendida de saber lo que he hecho, de lo que quería hacer. Pero yo creo que ahora lo han comprendido, como pintor, bueno o malo, creo que sí lo han comprendido, porque ha habido mucha gente… Sí, en cierto sentido es un resumen de mi vida artística, es difícil no crear una situación así, en una exposición que se llama En el respeto de las tradiciones, y que recoge 150 cuadros… Es difícil no ver lo que ha sido mi obra…
¿Cómo ha ido evolucionando tu pintura en todos estos años?
En realidad lo que yo he hecho en mi vida es ocuparme de política. Lo que quería era hacer saltar el sistema, la pintura me importaba un carajo. Por eso cuando he recuperado, digamos, las libertades y podido vivir en este país, suelo decir que me devuelvan las horas, las que me quitaron de la pintura, que me las devuelvan en nombre de la política. A mí, durante un tiempo, no me ha interesado otra cosa que la política. ¿Evolución? Al principio, cuando era muy joven, era un pintor crítico, social. Cuando tenía la obsesión de España, en realidad yo creía que podía cambiar el mundo con la pintura, había una intención moralizadora. Ahora eso no me interesa. No hay nada más allá del cuadro. Yo lo firmo por detrás y por delante, por delante lo firmo, por detrás pongo el título…y ya no me pertenece. Yo no vivo con mis cuadros, mis cuadros van por ahí, viajan, hablando mal de mi, casi siempre, tienen su vida, mis cuadros son de otros, vivo muy bien con cuadros de otros que me gustan, una colección que voy haciendo poco a poco. 
De hecho empezaste, te hiciste pintor por azar…
Era un sueño, que se convirtió, por una serie de avatares, en realidad. Quería ser escritor, por la formación que tenía de periodista. Yo dibujaba mucho, pero nunca fui a la escuela de Bellas Artes. Y para vivir hacía caricaturas y cosas de ese tipo. En España y en París ganaba un poco, como para comprar tabaco. En París estaba un poco mejor, porque tenía mis contactos. Y hacía cosas variadas, sobre todo cosas humorísticas, ilustraciones.…
Poissonniere, de Eduardo Arroyo, se expondrá en el Museo de BB.AA de Bilbao.
Eres autodidacta.
Como te digo, no he puesto los pies en una escuela de arte. Soy completamente no académico, quizá sí creo que hubiera debido hacer algo sobre las esculturas académicas, en alguna escuela de bellas artes, pero no lo hice. De eso me arrepiento un poco. Visitaba museos. Fui a menudo al Prado y eso me ha servido mucho, eso es fundamental. Iba desde niño, los profesores del Liceo francés me llevaban. Me atraía Velázquez, más que Goya, al principio; ha habido momentos, en el Prado, en que he ido directamente a las salas de Velázquez.
Desde el principio tu pintura adoptó una posición combativa, artísticamente quiero decir.
Es que yo pertenezco a una generación en la que el arte imperante, dictatorial incluso, era la escuela abstracta de París Y nosotros, un grupo, nos fuimos encontrando por casualidad, unas 15 ó 20 personas, que venían del mundo entero –Adami, Erró, Klasen, Monory, Stampfli o Télémaque, entre otros– hicimos una revolución, no aceptábamos esa especie de dictadura. Luchábamos en contra de la abstracción. Creamos la nueva figuración, que no tiene nada que ver con lo que se llama popart, ni con la americana ni con la inglesa. Lo que ocurría era que no había galerías figurativas, solo había dos. Además quedaban los surrealistas, el resto no existía, todo era abstracto. Dicho esto, yo soy un tipo al que el arte abstracto le sigue interesando, al menos cierto arte abstracto. Pero nuestra posición fue completamente beligerante, en contra. Duchamp nos caía muy mal, por eso lo asesinamos. Todas las estupideces que se hacen hoy en el arte vienen de Duchamp. Dada, el dadaísmo, es diferente, produce obras de arte. El otro no, en realidad es un político, es un listo, inteligente, teórico, crea una corriente importante, el Duchampismo, contra el cual nosotros hemos estado siempre. Y es el producto de lo que está ocurriendo todavía hoy en el mundo.
Has tenido, y así lo recoges en la mayoría de tus cuadros, influencias artísticas y literarias variadas.
Yo soy un pintor que escribe, nada más, que escribe, que ha vuelto a la literatura. Soy consciente de que escribir es complicado, pero esa simbiosis, donde la gente empieza a decir que no sabe si soy un pintor un escritor, no me desagrada, pero ahora, en realidad, soy un pintor. En mi pintura hay cuatro pintores interesantes, aunque no aparezcan: Picasso por la manera de estar, de ser en la pintura, De Chirico, Picabia y Max Ernst… Todos han influido intelectualmente, conceptualmente. De España estimo a muchos pintores. Una persona como Antonio Saura, Barceló también… Varios más, uno como Millares. Son varios los pintores que estimo y respeto, de varias generaciones. Pero en mi obra no hay un diálogo, no creo ser maestro de nadie, ni discípulo tampoco.
Al principio fuiste un exiliado, un pintor en el exilio, cuya obra no se podía ver en tu país.
Como exiliado, mi obra fue militante en aquella época. Después mi pintura se ha hecho más críptica, se ha hecho más misteriosa, más compleja, la pintura política, digamos, se ha ido yendo, diluyendo.
Esa circunstancia ¿te ha hecho sentirte al margen de la tradición y de la cultura española?
Yo creo que no, yo soy como un negroni, soy mitad italiano, mitad español, y mitad francés. Con esos tres lugares me he hecho lo que soy, he vivido ocho años en Italia. De 30 a 40 años, muchos, en Francia. Todo eso marca. No he creado escuela, ni lo pretendo. Yo soy primero una rara avis, tengo una voz, sí, pienso que puedo tenerla, aunque sea pequeña, aunque sea débil. Pero también la tengo en Italia Y también en Francia.
¿Te sientes reconocido? 
Yo me siento reconocidísimo en España, no tengo ningún problema. Además me la…, me importa un bledo. Y en Europa, pues mira, creo que tengo el mismo reconocimiento, creo que tengo mi ubicación, como cada uno, tengo mi sitio, Y el resto no me importa.
En toda tu obra hay fetiches, temas recurrentes…
Es muy difícil pintar tus propias pasiones. Hace más de 50 años que no pinto toreros, boxeadores ya tampoco, desde los años 80, cuando hice una serie… Además es que yo amo cosas que ya la gente no ama, el toreo y el boxeo ya no le interesan a nadie. Son sueños nostálgicos. Y animales como los perros… Bueno, lo que sí tengo es una especie, se podría decir que una especie de diccionario, igual que Fellini, una lista, que le servía para meter cosas diversas… Esas me van sirviendo para hacer los cuadros, como la araña, el perro, son cosas, son un juego… Las moscas, sí, las moscas me persiguen, y yo las persigo, es una historia interesante, porque yo digo que España es El paraíso de las moscas. La mosca es un ser repugnante y molesto. España está muy bien, pero no deja de ser el paraíso de las moscas.
¿Quiénes son tus escritores preferidos, presentes en tus obras.
Cervantes, Quevedo, Joyce, W. Benjamin, Sebald, o tipos como Tolstoi, Stendhal, Balzac. A veces aparecen en la pintura, a veces no.
De la exposición de la Maeght me ha llamado la atención extraordinariamente el cuadro Le retour des croisades (El retorno de las cruzadas), en cierto sentido una reinterpretación de Víctima de la fiesta, de Zuloaga.
Hay algo de mi biografía en ese cuadro. La pintura siempre es autorretrato. Yo, lo que sí creo que hay, es un retrato de España, del español, que vuelve de la lucha, que ya está al final de su vida y que ha recibido muchos golpes, muchas laceraciones, mucha estopa, mucha herida, vuelve derrotado. Del cuadro y de la literatura yo siempre vuelvo derrotado, nunca he ganado esa batalla, esa batalla no se gana nunca. El fondo del cuadro son escenas de la España desolada, sin vida, en recuadros pequeños.
Háblanos de tus proyectos cercanos.
Ahora he estado un poco débil, esta exposición me ha costado un poco de salud, pero yo creo que está pasando… Ahora estoy escribiendo y estoy esperando empezar, he dibujado… Para pintar todavía no estoy listo físicamente, pero voy adelante…
¿Cómo te sientes al empezar, al volver a empezar una nueva obra?
Ante el cuadro en blanco me siento como me he sentido siempre, de frente, frente a la idea de la perdición, de la pérdida, de un combate que, como en el boxeo, te obliga a levantarte, aunque te derribe constantemente. Siempre pierdo con mis cuadros… escribir, pintar… es una aventura complicada de la que casi siempre sales perdedor.
El escritor Arroyo publicará próximamente un nuevo libro, primero en francés y después en español. El proyecto más inminente, no obstante, es la nueva exposición que se va a inaugurar el día 30 de este mes de noviembre en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, apenas dos semanas después de caer el telón en Saint-Paul-de-Vance. Si en 1994 expuso sus grandes óleos, bajo el lema Tamaño natural, ahora, en este final de 2017 y hasta abril del año próximo, se podrá disfrutar de los grandes cuadros pintados por Arroyo en el siglo XXI, todos reunidos bajo el título de su cuadro estandarte, Le retour des croisades.
Ojalá que la obra Eduardo Arroyo sea acogida ahora en España con el aprecio e interés recibidos en tierras francesas. Y que lo que el pintor dice perder en cada cuadro, sea ganancia y gozo de todo su público.

BLANCA ORAA MOYUA