jueves, 2 de febrero de 2017

Cornelia Parker o la estética del dolor


El corazón de las tinieblas, 2004. Instalación
ésta es la primera exposición individual en España de Cornelia Parker, artista de una remarcable notoriedad en la escena internacional, con una trayectoria no exenta de golpes de efecto. Acaso el lector recuerde cuando la artista envolvió con cuerdas la famosa escultura de Rodin, El beso, en la Tate Gallery con la consiguiente polémica que se difundió en la sección de sucesos de todos los periódicos del mundo. La obra de Cornelia, con sus intervenciones, objetos y dimensión simbólica, es de una particular agresividad que posee una especial resonancia mediática.

Una de las piezas más significativas de Parker es aquella que consiste en objetos aplastados. Se trata de vasijas, instrumentos, utensilios de metal literalmente comprimidos y que luego la artista suspende en el espacio realizando composiciones con hilos de alambre. En sus catálogos suele reproducirse una fotografía que ayuda a comprender su universo: una apisonadora con rodillos gigantes está a punto de aplastar una hilera cuidadosamente dispuesta de objetos metálicos... Yo me imagino a la artista dando brincos en un estado de frenesí y de excitación contemplando como petan los cacharros.

La pieza más espectacular es la instalación titulada El Corazón de las tinieblasrealizada expresamente para la galería Carles Taché. Como es habitual en la artista, en este tipo de trabajos, se han suspendido unos fragmentos con alambres cual si flotaran en el aire. Un detalle importante: tales fragmentos -escrupulosamente tratados- son los restos carbonizados de un bosque incendiado. Son los restos de algo que tuvo o que fue vida. Ahora estos despojos se presentan como aquellos cadáveres que se exhiben lavados y aseados. Esta pieza hiere. No sólo porque sea la expresión de una necrofilia, sino porque este bosque es un bosque disecado, sin alma, puro esqueleto.

Cornelia Parker es la estética del dolor; su obra, directa o indirectamente, alude a procesos de descomposición y destrucción. Más aún, en ella existe una dimensión de autocomplacencia en el dolor y la exhibición del dolor. Es difícil explicar el porqué y dar razones. ¿Se trata de un juego de pequeñas provocaciones de una niña mala que se divierte utilizando un material -el dolor- sagrado? ¿Hay una dimensión sádica que se manifiesta en la representación del dolor? ¿O se trata de un sacrificio? Es posible que todos estos aspectos estén implícitos en la obra de Parker. Intuyo también que en estos procesos se desarrolla una liturgia en un doble movimiento: en un primer momento hay, efectivamente, destrucción. Pero luego, en la medida que los pedazos son minuciosamente recompuestos, advierto un sentimiento de culpa.

Esta primera individual de la artista no es una panorámica, pero Cornelia Parker ha seleccionado las obras a modo de itinerario que sitúa las claves para la lectura de su trabajo. En este sentido, presenta la serie Dibujo de veneno y antídoto. ésta consiste en un derrame de manchas de tinta china mezclada con veneno de serpiente de cascabel a las que se superponen exactamente otras tantas manchas de tinta blanca con antídoto. Tal vez hemos de interpretar que negro y blanco, negativo y positivo, veneno y antídoto, muerte y vida coexisten pegados el uno al otro como en aquellos suplicios en que un cadáver en descomposición está maniatado, cuerpo a cuerpo, con un vivo. Yo sospecho que el exhibicionismo, la culpabilidad, el sacrificio, lo sagrado, lo sublime pero también las heces, la provocación, la complacencia en el dolor... cohabitan en la obra de Cornelia Parker.
 

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BLANCA ORAA MOYUA