viernes, 3 de febrero de 2017

CENTRO DE ARTE DE ALCOBENDAS

Imágenes: Joseph Beuys, Output #32, 1978; y Torso de hombre de brazos cruzados, Nok, Nigeria, entre los siglos III y VII d. C.

La idea en un signo.
Colección Sánchez-Ubiria

15 de febrero – 6 de mayo 2017

 



Helena Almeida; Caetano de Almeida; Art & Language; Kader Attia; Bernd y Hilla Becher; Joseph Beuys; Pedro Cabrita Reis; John Coplans; José Pedro Croft; Richard Deacon; Jürgen Drescher; Marlene Dumas; Iran do Espiritu Santo; Dan Flavin; Sandra Gamarra; Katharina Grosse; Magdalena Jitrik; Fabio Kacero; Imi Knoebel; lgor Kopystiansky; Jorge Macchi; Robert Mapplethorpe; Gordon Matta-Clark; Mitsuo Miura; Miquel Mont; Bruce Nauman; Fernando Renes; Peter Rogiers; Adrian Schiess; Iris Schomaker; Susana Solano; Jessica Stockholder; Antoni Tàpies; Gert y Uwe Tobias; Juan Uslé; Wolf Vostell; Christoph Weber; y más de 50 piezas de arte tribal africano entre las que destacan un grupo de pensadores Nok en terracota; una pareja, un parto y una maternidad Djennenkes, también en terracota; máscaras Gitenga, Pende, Igbo, Punu, Yoruba, Fang y Senufo; brazaletes Masai y Fon, o un pareja de anillos de Djenné.

Comisario: Sergio Rubira

El próximo miércoles 15 de febrero se inaugura en el Centro de Arte de Alcobendas la exposición La idea en un signo. Colección Sánchez-Ubiria comisariada por Sergio Rubira.

La colección Sánchez-Ubiria está formada por dos importantes fondos: el primero está compuesto por producción material y artística de algunas tribus africanas y el segundo por obras de arte contemporáneo occidental.

La exposición La idea en un signo toma prestada como título una cita del libro El pensamiento salvaje del antropólogo Claude Levi-Strauss para reflexionar sobre las presuntas relaciones entre un grupo de obras y otro.

Desde comienzos del siglo XX, cuando los primeros vanguardistas quedaron fascinados por las formas de las máscaras y las estatuillas que provenían del continente africano, se ha tratado en numerosas ocasiones de poner en relación el arte occidental contemporáneo con estos objetos que estuvieron encerrados en las vitrinas de los museos etnográficos. Esta búsqueda de afinidades entre un tipo de producción y otro tenía que ver también con una búsqueda del origen, eso que en algún momento se llamó primitivo. Este primitivismo, que suponía un desplazamiento en el tiempo y en el espacio, hacia lo muy antiguo y lo muy distante, fue utilizado también como una forma de poner en valor las obras de estos artistas que querían romper con la tradición. Otra de las ideas que ocultaba esta búsqueda de relaciones concernía al modo en el que se ha construido la figura del artista-genio en Occidente, vinculándola con la del brujo o aludiendo a la naturaleza ritual, incluso mágica, de algunos procesos creativos.

La puesta en escena de estas presuntas afinidades en diferentes exposiciones, subrayaba conceptos como los de universalidad, eternidad y autonomía, traduciendo una idea muy concreta de arte y borrando el carácter ritual o utilitario de muchas de estas piezas. También se destacaban los rasgos abstractos de estas representaciones “primitivas” y se excluían otras mucho más naturalistas o se omitían las que poseían un carácter sincrético porque hablaban de las políticas coloniales de Europa y eso no interesaba. Esta búsqueda de afinidades, muchas veces forzadas, se basaba en sencillas coincidencias iconográficas, en aproximaciones de carácter estético o en casualidades formales y materiales, que dejaban a un lado las peculiaridades de cada uno de estos objetos, su procedencia y su historia, y respondían a los estereotipos que se habían construido en torno a la idea de África, de África transformada en espejo sobre el que mirarse, de África como reflejo invertido.

La idea en un signo toma muchas de las estrategias utilizadas en las exposiciones que han buscado estas afinidades para relacionar el fondo africano y el occidental contemporáneo de la colección Sánchez-Ubiria, aludiendo a asuntos como la continuidad de las formas, los usos de los materiales, la idea de fetiche, la presencia del rito, el artista como chamán, el pensamiento salvaje frente al científico, al mismo tiempo que en paralelo se construye, a través de otras imágenes y textos que funcionan como notas al pie, un contexto a esta narrativa y se alude a lo que se ha dejado olvidado.”

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BLANCA ORAA MOYUA