domingo, 23 de octubre de 2016

El encargo dentro de la práctica artística: ¿negación o negociación? / Conversación con Álvaro Perdices María Virginia Jaua




Hace poco concluyó la muestra en la que más obras se han mostrado del Bosco, por la celebración del V centenario organizada por el Museo del Prado. Además de exhibir un conjunto de piezas que será muy difícil, por no decir imposible, volver a reunir, se presentó una videoinstalación que llamó muchísimo mi atención no sólo por la excelencia de su realización y la eficacia de consigue en la producción de una “experiencia” estética, sino por la multitud de preguntas que despertó y que han motivado la conversación con el artista Álvaro Perdices que aquí se desarrolla.

Por lo tanto, el tema central de esta plática es “el encargo”. Un tema fascinante y del que se suele hablar poco. Quizás, porque plantea ciertos problemas y contradicciones dentro de algunos “conceptos” que para muchos artistas -sobre todo los más jóvenes- son “sagrados” o están dados y son inherentes a la práctica del arte, tales como: libertad, autoría y crítica. Sin embargo, estos conceptos están fuertemente vinculados a otros elementos, como son el económico y la relación con la institución. Quizás los “roces” -que forzosamente se producen en la ambigüedad de este espacio creativo- sean los que hacen del encargo un lugar idóneo y “productivo” para la reflexión sobre el quehacer del artista hoy.


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(...)

MVJ Esa experiencia habrá significado un enorme aprendizaje para ti, para entender que sin esa gestión material de la producción, la obra no puede producirse. En este caso tú no has podido contratar a nadie para que te apoye, sin embargo, paradójicamente cuentas con todo el apoyo de la institución...

AP Lo interesante para mí es que eso ha formado parte de la gestación de la obra. Hasta tal punto que en un momento pensé introducir en la propia videoinstalación algunos de estos documentos, que evidentemente hubieran tergiversado o cambiado completamente la lectura de la obra o hubieran abierto otros niveles de lectura.

Imaginemos que estamos viendo la videoinstalación y de pronto aparecen una serie de páginas de contratos que el propio artista ha tenido que redactar para luego ser eliminados o de las valoraciones técnicas y económicas que el gestor-artista ha tenido que hacer sobre los presupuestos. ¿Qué pasaría si eso se hubiera introducido a la obra? Evidentemente hubiera llevado la lectura a otro lugar y esto no se ha hecho por la institucionalización del propio encargo. El Prado es una institución y en ese sentido quería un tipo específico de producto; creo que por varias razones no existía la posibilidad de hacer otra cosa.

MVJ Resulta claro que algo así habría llevado el resultado trabajo a otro lugar...

AP Lo más probable es que hubiera sido a uno en el que el trabajo habría sido malinterpretado, dando lugar a un problema, porque cuando un artista trabaja para la institución es irremediable que acabe institucionalizándose. A veces cuando trabajas en un contexto más pequeño, menos institucional quizás tienes otras posibilidades de actuación.

MVJ Vamos a suponer que en este tema, que me parece tan interesante, en el que planteas que de haber sido posible incluir en la obra parte de “la arquitectura” administrativa -y que a ti te tentó esa idea como artista, que es el lugar desde donde entiendo te concibes-, hubieras usado la misma obra como espejo, utilizando cierta información histórica del “otro” encargo que fue en su momento El jardín de las delicias. Y vamos a llevar más allá la suposición de que si existieran documentos de ese encargo (que yo ignoro si existen) o se hubieran inventado esos documentos, se habría podido cumplir ese anhelo artístico, aunque fuera desviándolo o encubriéndolo hacia el lugar de la gestación de la propia obra, sin que eso supusiera una puesta en evidencia abierta a la institución sino de una manera enmascarada, como una sutil capa de pintura que en el propio cuadro de repente descubres o revela algo oculto...

AP Claro, la obra también es un encargo muy peculiar y del que prácticamente no se sabe nada. Todo son hipótesis y deducciones. Si miramos la obra del Bosco, es un pintor tardo medieval que se incorpora al Renacimiento, pero hay otros pintores de la misma época que ya tienen incorporado un lenguaje plenamente renacentista en términos de contenido, de códigos y de elementos visuales mucho más avanzados que el propio Bosco. Estamos hablando de Durero y de italianos. De alguna manera El Bosco vive una época tardo medieval en su aislamiento en Hertogenbosch y funciona como un artista medieval en tanto que tiene un taller.

Curiosamente El jardín de las delicias es un encargo muy especial y quizás por ese motivo es la obra que más se aleja del resto de su producción. Se supone que Engelbert de Nassau hizo el encargo y a pesar de que El Bosco fue un autor tremendamente creativo y a pesar de que es una obra salida por completo de su mano, pues el taller prácticamente no intervino, es una obra que en términos de contenido está muy alejada del resto de sus obras. ¿Por qué? Primero se trata de un encargo muy particular en el que quien lo comisiona, Engelbert de Nassau, probablemente intervino casi tanto como el artista. Y probablemente también lo hizo un círculo de personas a su alrededor. Por ejemplo, la escena más conocida y la menos asociada a los temas del Bosco, es decir, la escena del panel central en la que están los cuerpos, una suerte de puesta en escena de poliamor y de ensoñamiento y especulación responde no necesariamente a la libertad del Bosco, porque él no tenía esa libertad que cualquier artista de hoy puede tener, eso es un concepto moderno que surge en el XIX. Todo ese escenario de cuerpos quizás responde más al impulso o a las peticiones o a las conversaciones que pudieron existir entre el artista y ese círculo de Engelbert que está implicado en la gestación de la obra.

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