sábado, 4 de julio de 2015

Joseph Beuys, el artista "chamán" que combatió en la Luftwaffe

 


Marzo de 1944, espacio aéreo de Crimea. Un Junker JU87 Stuka de la Luftwaffe alemana es alcanzado por la artillería soviética. El bombardero cae sin remedio y se estrella sobre la nieve. El piloto muere al instante a causa del terrible impacto, mientras que el artillero de cola sobrevive milagrosamente, aunque su vida pende de un hilo. El golpe le ha provocado una fractura doble en la base del cráneo, así como varios huesos rotos. Para colmo, ha salido despedido de la aeronave, y parece condenado a morir congelado por las bajas temperaturas.
Aquel artillero alemán, de tan sólo 23 años de edad, no es otro que Joseph Beuys, quien unas décadas más tarde acabará convirtiéndose en uno de los artistas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, destacando por sus esculturas, y sus vanguardistas acciones, happenings e instalaciones artísticas. Paradójicamente, aquel episodio bélico que a punto estuvo de costarle la vida jugaría un papel trascendental en su futura producción creativa.
Beuys nació en Krefeld (oeste de Alemania) en 1921, en una familia de origen holandés y severas creencias católicas. El futuro artista mostró desde pequeño unas notables cualidades para el dibujo y la música, aunque en aquellos años parecía más inclinado hacia las ciencias naturales e incluso la medicina.
Tras sus estudios de secundaria, y en plena Segunda Guerra Mundial –al igual que muchos otros jóvenes de su edad militó en las Juventudes Hitlerianas–, Beuys fue llamado a filas, y se ofreció como voluntario para servir en la aviación del ejército alemán. Una vez en la Luftwaffe fue destinado a Poznan –donde ejerció como operador de radio–, y más tarde a Crimea, donde pasó a desempeñar el puesto de artillero de cola a bordo de un stuka.
Es allí, en Crimea, donde se produce el fatídico derribo de su avión que casi le cuesta la vida. Por suerte para él, y siempre según su testimonio –este es sin duda uno de los puntos más controvertidos de su biografía–, es encontrado por un grupo de nómadas tártaros, quienes le cuidan durante ocho días, cubriéndolo de grasa y fieltro para que conserve el calor corporal. Precisamente, estos dos materiales terminarán convirtiéndose años después en materias esenciales de su obra escultórica.
Poco después Beuys fue encontrado por un comando alemán y llevado a un hospital de campaña donde se recupera de sus heridas y vuelve al campo de batalla, esta vez uniéndose a las tropas de tierra. Allí es herido de nuevo hasta en cinco ocasiones –lo que le valió una condecoración–, y finalmente fue capturado por los aliados al finalizar la guerra.
Tras el fin de la contienda, Beuys regresó a Alemania, a Kleve, localidad en la que vivían sus padres en esos años, y a partir de entonces comienza su etapa de formación artística. En un primer momento, en 1947 –después de descartar finalmente los estudios de medicina–, ingresa en Academia Estatal de Arte de Düsseldorf, estudiando bajo la tutela del escultor Ewald Mataré.
En su juventud Beuys había quedado fascinado por la obra del escultor Wilhelm Lehmbruck –se dice que salvó un libro sobre su obra de las llamas de una hoguera encendida por los nazis para quemar libros degenerados–, y decidió orientar su creación a la escultura. Fue también en aquellos finales de la década de los 40 cuando Beuys profundizó en sus lecturas sobre antroposofía, una corriente esotérica y espiritual fundada porRudolf Steiner a principios de siglo, y que él había conocido tiempo atrás gracias a su amigo Fritz Rolf Rothenburg, fallecido en un campo de concentración nazi.
Su interés por las ideas antroposóficas, junto por su fascinación por las religiones chamánicas, la alquimia y el misticismo cristiano serían hitos fundamentales en su futura producción artística, pues Beuys desarrolló una concepción del artista como “profeta” –en su caso como chamán–, cuyo papel sería el de un “conductor” de conciencias capaz de desvelar la esencia del mundo a través del arte.
En su caso, las complicaciones físicas derivadas de su traumática experiencia durante la guerra habrían servido como trance chamánico del que “resucitó” simbólicamente adquiriendo nuevas habilidades, en este caso artísticas. Sin embargo, algunos críticos y biógrafos han señalado que el “rescate” por parte de los nómadas tártaros nunca tuvo lugar en realidad, sino que fue rescatado por un comando alemán poco después de su accidente a bordo del stuka.
En cualquier caso, Beuys siempre consideró aquel suceso como el génesis transformador y fundacional de su personalidad artística. En 1961 fue nombrado catedrático en la misma academia de arte en la que había estudiado, y poco a poco fue adquiriendo notoriedad internacional, en especial a raíz de su vinculación con el grupo neodadá Fluxus, con el que desarrollará numerosas accionesartísticas. Fue también en aquellos años cuando se desarrollan sus ideas sobre la cultura y la política –sería uno de los primeros representantes del partido Verde alemán–, y ya en los años setenta se convertiría en uno de los fundadores, junto al premio Nobel de Literatura Heinrich Böll, de la Universidad Libre Internacional.
A su muerte en 1986, Joseph Beuys se había convertido ya en una de las principales figuras del arte de vanguardia de la segunda mitad del siglo XX, con una obra singular a la que el museo Guggenheim de Nueva York dedicó una exitosa retrospectiva en 1979, y en la que sobresalían dibujos, esculturas, happenings y otras formas de expresión artística que extendieron los límites de lo que hasta entonces se había entendido como arte.

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