viernes, 1 de agosto de 2014

Ai Weiwei



Dropping a Han Dynasty Urn, 1995-2009, y Colored Vases, 2007-2010.


Ai Weiwei nació en 1957, en Beijing, cuando Mao ya había proclamado la República Popular China. Su padre, el poeta Ai Quing, fue perseguido por el régimen que cuestionaba su lealtad al partido y condenado a limpiar letrinas en la región de Xinjiang. Esta experiencia marcaría profundamente la vida y la obra del artista, que desarrollaría un espíritu crítico hacia la política de su país.En estas últimas décadas el mundo se ha asombrado ante el extraordinario desarrollo de la economía de China, un gigante que parecía dormido pero que a partir de los noventa experimentó un crecimiento acelerado que lo puso entre las economías más avanzadas del planeta.
Asimismo, en el arte China ha tenido una evolución sorprendente, con artistas que sin dejar su tradición, han adoptado las técnicas y movimientos occidentales para expresarse y, muchas veces, criticar la política de su país. A este tipo de artistas pertenece Ai Weiwei.
Y fue precisamente la desilusión que le provocaba la China socialista lo que lo llevó a viajar a América en 1981, llegando a Berkely, California, para luego instalarse en Nueva York, donde quedaría fuertemente impactado con la obra de Duchamp, Jasper Johns y Andy Warhol, además de percatarse de la libertad de expresión que tenían los artistas en Occidente y la posibilidad de experimentar con nuevos lenguajes y técnicas, lo que devino en su adopción del arte conceptual como medio de expresión.
En 1983 Ai Weiwei regresó a China apremiado por la enfermedad de su padre y emprendió una serie de obras renovadoras y críticas que lo pusieron en entredicho con las autoridades de su país, que no dudaron en censurar su obra.
Transgredir toda norma
Weiwei es un ejemplo de lo que está sucediendo en el arte chino contemporáneo. Los artistas de este país se enfrentaron a dos grandes retos: el de superar el arte socialista de la China de Mao, cargado de propaganda política y, por otro lado, el de conservar la tradición de un arte ancestral, transformándolo cuidadosamente para, sin perder la identidad de esta tradición, poder generar un arte que, enraizado en el pasado, logre una identidad propia ante el peligro de la occidentalización promovida por la globalización.
Este romper con la tradición, pero a su vez, partir de ella, le ha hecho crear obras como el tríptico fotográfico de 1995 Drooping a Han Dynasty Urn, donde se registró dejando caer una antigua urna de cerámica, con lo que puso en entredicho el valor que le da Occidente a las antigüedades en general y a las chinas en particular. De hecho esta obra provocadora ha levantado mucha controversia en el mundo, ya que hay gente que se ha sentido ofendida con la destrucción de esta pieza de cerca de dos mil años de antigüedad y valorada por algunos en un millón de dólares. ¿Será que Ai cuestiona el consumismo occidental, el principio de autoridad, la historia misma..? Esto se ha vuelto más complicado de lo que parece.
Un año antes, en 1994 había realizado otra obra provocadora: pintó otra urna de la dinastía Han con el logotipo de Coca-Cola, simbolizando quizá la occidentalización de la cultura, o criticando a esa China de capitalismo rampante pero de gobierno autoritario que habla de una economía socialista de mercado. Para otros, los puristas, su trabajo es vandalismo puro.
La obra fue adquirida por el coleccionista suizo Uli Saigg, quien en 2012, en una postura casi idéntica a la de Ai en el perfomance de 1995, rompió la Urna Coca-Cola, pieza central de su colección para crear un nuevo tríptico fotográfico de la mano del artista suizo Manuel Salvisberg.
Y fue precisamente Uli Sagg, embajador suizo en China y coleccionista de su obra, quien lo recomiendaría para su trabajo más ambicioso: participar como asesor artístico en el diseño del Estadio Olímpico de Beiging, mejor conocido como “nido de pájaro”, construido para los juegos de Beijing 2008, por los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron.
Crítica y represión
En Weiwei, su arte se ha establecido como una voz de protesta contra la censura y el autoritarismo del gobierno Chino. Aprovechando las redes sociales en 2010, creó en internet un audio, donde se escuchaban los nombres de más de cinco mil niños fallecidos en el sismo de 2008, acaecido en la provincia de Sichuan, donde las escuelas en las que estaban no cumplían con los mínimos requisitos de seguridad en la construcción.
Inmediatamente, el blog fue eliminado, el artista fue arrestado y golpeado. Estas continuas críticas al gobierno provocaron que se le arrestara nuevamente en noviembre del 2010, al anunciar una cena de celebración, para denunciar la destrucción de su estudio en Shanghái, debido a su 'ilegalidad', cuando hacia sólo dos años que, según Ai, las autoridades responsables del suburbio de Jiading, lo habían invitado a participar con su estudio en la creación de un nuevo barrio artístico.
En 2011 fue detenido en el aeropuerto de Beiging, por supuesta evasión de impuestos y encerrado durante 81 días, en una pequeña celda, vigilado continuamente. Para su liberación, el artista tuvo que firmar un documento donde reconocía su deuda con el fisco.
No obstante su activismo político, la riqueza de los significados de su obra y su posición crítica, ha hecho que algunos de los grandes museos y galerías de arte contemporáneo del mundo occidental, le hayan reconocido como uno de las figuras más importantes del arte actual.
En 2010 la Tate Gallery de Londres, recibió una de las instalaciones más fascinantes del artista: Las pipas de girasol. Cien millones de semillas de girasol, hechas de porcelana, pintadas y realizadas por mil 600 artesanos, durante dos años, llenaron la Sala de Turbinas del prestigios museo. La experiencia, multisensorial, cautivó a los visitantes del museo que caminaban por sobre ellas, se tiraban, las aventaban, como si de una playa se tratara.
Weiwei ha señalado que estas pipas, le traen recuerdos de la Revolución Cultural, donde en los carteles propagandísticos, se representaba a Mao como un sol, mientras el pueblo eran los girasoles que lo seguían. Sin embargo, para el artista alimentarse de las semillas, le recordaban la amistad y la camaradería, en un tiempo de extrema pobreza y represión. Ante el éxito de la instalación la Tate Gallery, compró ocho de los cien millones de pipas de girasol.
Una voz que no calla
Weiwei es pues, un artista que ha sabido utilizar su arte para despertar conciencia y llamar la atención del mundo.
Las represiones sufridas en su país de origen (el artista permanece todavía sin pasaporte, sin permiso para salir hacia el extranjero y vigilado constantemente por las autoridades) no le han impedido seguir presentando su obra en foros internacionales, como la Bienal de Venecia, donde en 2013 causó revelo con una instalación, que recrea su encarcelamiento en claustrofóbicos espacios, continuamente vigilado, aun en el baño.
Wei Wei no se retracta de su denuncia y a pesar de todo, firme en su posición crítica, sigue presentando en su obra temas salidos de su realidad. Occidente lo celebra y lo defiende, no han sido pocos los museos y mandatarios que han pedido a China que lo exonere.
Pero más allá de esa simpatía y el peso de sus acciones y compromiso, existe en la obra de Weiwei, un discurso y una estética poderosa e inclusive, como en las semillas de girasol, una poesía sutil que lo hacen universal.

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