martes, 19 de enero de 2016

Así vive el matrimonio más influyente del arte

Así vive el matrimonio más influyente del arte
Iwan Wirth (izda.) y Manuela Hauser, en el mercado del arte
Vincent Evans / Hauser & Wirth
Una antigua granja situada en el bucólico pueblo inglés de Somerset no parece, a simple vista, un escenario al uso para situar una galería. Pero el hecho de que sus dueños hayan sido nombrados como las personas más influyentes del mundo del arte contemporáneo supone la prueba inequívoca de que nos encontramos ante un punto de inflexión. El matrimonio formado por los suizos Iwan y Manuela, responsables de Hauser & Wirth, se ha hecho con el primer puesto de la lista publicada cada año por la influyente «ArtReview».
JJ Charlesworth, editor jefe de la revista, explica a LA RAZÓN que la pareja ha cambiado por completo «el modelo de venta y promoción del arte». «Lo han transformado en algo mucho más complejo y sofisticado. Lo que les distingue es cómo tratan a su clientes. No sólo les venden obras, les involucran en lo que se puede llamar un modo de vida. Lo que han hecho en Somerset es un claro ejemplo», recalca. La pareja descubrió el pueblecito –situado a dos horas de Londres– en el año 2006. Fue amor a primera vista. Sin estar previamente planeado, compraron una granja, la reformaron y se trasladaron allí de manera permanente matriculando a sus cuatro hijos en la escuela local.
Escenario de película
En julio de 2014 inauguraron Hauser & Wirth Somerset. Sólo en el primer año registraron más de 130.000 visitas. Aunque lo que han construido no se puede llamar estrictamente galería de arte. La granja de Durslade se ha convertido en cinco de ellas, una tienda de productos ecológicos, un restaurante, y un bar decorado con materiales rescatados de los alrededores por el hijo y nieto del legendario artista alemán Dieter Roth. El edificio victoriano del siglo XVIII –uno de los escenarios de la película «Chocolat»– ofrece, asímismo, cursos para los colegios locales y cuenta también con una apacible residencia para los artistas. La zona ajardinada ha sido diseñada por el reconocido arquitecto paisajista Piet Oudolf.
«Me atrevería a decir que es algo sin precedentes. Antes, los coleccionistas iban, compraban las obras y punto. Ahora piden algo más. Y los Wirth han creado todo un mundo alrededor del arte. Les ofrecen una esfera privada donde pueden convivir con ellos y disfrutar de esta vida de campo. Esta hospitalidad crea una mayor identificación con la galería e incrementa indirectamente el valor de las obras de los artistas a los que representan. Se trata de algo más que una relación comercial. Es realmente interesante», matiza Charlesworth.
Por otra parte, Charlesworth también destaca la importante labor de los Wirth por involucrar al público y, en este sentido, plantea una reflexión: «La división que antes había entre el interés privado de una galería comercial y el papel del museo o galería pública es cada vez más difusa». «Las comerciales se comportan cada vez más como instituciones públicas, desarrollando actividades que van más allá de la elaboración de los catálogos habituales de las exposiciones. Y, por su parte, los museos se parecen cada vez más a entidades corporativas, cobrando la entrada para determinadas muestras, recaudando fondos de donantes privados y compitiendo como marcas en el escenario mundial», explica. «En definitiva, la gente con mucho dinero es la que está desarrollando ahora el papel que se le presupone a una institución pública. Esto plantea una cuestión que podría desencadenar importantes consecuencias políticas», añade. En una entrevista para «Vogue», Iwan confesó que empleaba el 95% de su tiempo trabajando por y para los artistas y sólo un 5% para las ventas.
El origen 
Iwan nació en Suiza en mayo de 1970. Su padre era arquitecto y su madre, maestra de escuela. A los siete años organizó su primera exposición con copias realizas por él mismo de las esculturas de Giacometti y Henry Moore. «Les vendí por 75 francos», recuerda con orgullo. A los 16 años ya se dedicaba a la compra y venta de arte. 1990 fue un año que nunca olvidará. Fue a ver a Ursula Hauser porque salió la oportunidad de comprar un Picasso y un Chagall. Pero él sólo contaba con la mitad del dinero que pedían. Ursula, una mujer hecha a sí misma convertida en una de las coleccionistas de arte más importes de Suiza, encontró a aquel muchacho encantador y aceptó poner el dinero que faltaba. Celebraron aquel acuerdo con una botella de coñac. Tras tres copas, Iwan, de 19 años en aquel momento, se quedó sin articular palabras cuando su nueva socia le presentó a su hija Manuela.
En un primer momento, a Manuela le pareció aquel joven muy arrogante. Pero tras trabajar cuatro años como su secretaria en la firma de Hauser & Wirth, surgió el amor y aceptó su propuesta de matrimonio. Cuando abrieron en Zúrich su primera galería en 1992, la mayoría de los pintores importantes ya tenían representante. Así que decidieron centrarse en artistas poco conocidos. «El tipo de artistas al que representan es otro de sus sellos distintivos», explica Charlesworth. «Ellos toman artistas emergentes o desconocidos y les crean un mercado. También se encargan de artistas fallecidos por cuyas obras se está pagando lo que consideran un precio menor a su valor. Consiguen crear nuevas carreras y resurgir aquellas que en su época o bien no fueron valoradas o bien su valor ha caído. Son únicos para eso», matiza el experto. Su primer representado fue Pipilotti Rist, un joven suizo cuyo estruendoso vídeo producido por Hauser & Wirth, y fue adquirido luego por el Museo de Arte Moderno. Luego llegaron Jason Rhoades y Paul McCarthy, dos estadounidenses cuyas ingobernables instalaciones escultóricas asustaban a comerciantes y coleccionistas. Y más tarde Louise Bourgeois, cuyo mercado había caído muy por debajo de su reputación. En los jardines de Somerset, de hecho, se puede contemplar una araña similar a que está en la entrada del Guggenheim de Bilbao.
La lista de artistas se amplió con, entre otros, Roni Horn, Ellen Gallagher, Rashid Johnson, Sterling Ruby, Eva Hesse y Henry Moore. Más de un tercio son mujeres. Iwan se declara gran feminista y considera que las mujeres artistas en el siglo XX están «dramáticamente infravaloradas».
En la actualidad, Hauser & Wirth cuenta con dos galerías en Nueva York. Pero decidieron ampliar miras y abrieron también sede en Londres. Se mudaron allí con la familia en 2005 y dos años más tarde descubrieron la apacible vida de campo. Se podría decir que el resto ya es historia, pero lo cierto es que el cuento continúa porque la pareja inaugurará en marzo del año una nueva ubicación en Los Ángeles en colaboración con el comisario Paul Schimmel.
Como es habitual, ni el edificio ni el proyecto serán al uso. La galería está siendo construida en un antiguo molino de harina. El conjunto histórico se compone de siete edificios diferentes. La variedad de espacios permitirá tener a la vez entre tres y cinco exposiciones que se irán cambiando varias veces al año. Los programas incluirán proyectos de artistas con sede en Los Ángeles representados por la galería. Pero también habrá espacio para importantes muestras colectivas históricas y temáticas y oportunidades para presentar en la ciudad a artistas internacionales. «Una vez más, promete ser algo nuevo, diferente, un concepto complejo e innovador», vaticina Charlesworth.
Así vive el matrimonio más influyente del arte
Una habitación de la vivienda
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Imagen de las zonas comunes
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