jueves, 10 de diciembre de 2015

¿Por qué la gente no visita las galerías?



Los visitantes asiduos de las galerías son bastante pocos más allá de los coleccionistas que esporádicamente aceptan la invitación de un galerista. Pero esta escasez de visitantes contrasta con la afluencia de los centros de arte. Podemos achacar el problema en primer lugar al mero desconocimiento. No hay relación entre las galerías y el gran público. Los canales de comunicación de éstos no han funcionado jamás. Puede que porque no interesara (las galerías, al fin y al cabo, son un espacio comercial y llegan a los coleccionistas por otras vías que no son los habituales canales de información) o porque no se haya podido luchar contra el estereotipo de que las galerías “son sólo para comprar arte” generalmente inaccesible para el público de a pie. Por omisión o descuido, nunca se ha presentado a la galería como un espacio artístico o al menos esa imagen no ha calado en el conjunto de la sociedad que sin embargo sí ha adoptado, y más en los últimos años, al museo como el único lugar donde apreciar, ver, sentir y vivir arte.
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Juana de Aizpuru en su stand con una obra de Rogelio López Cuenca. Foto: Blog de Miguel Ángel García Vega
Otro elemento indispensable para entender la situación actual es el del papel de los medios de comunicación de masas. La única oportunidad que tienen las galerías para presentarse a la sociedad es durante el desarrollo de ARCO; momento en el que la atención mediática cae sobre el arte contemporáneo. Pero joder (perdón) ¡qué mal cae! Los medios de comunicación acercan casi siempre lo anecdótico de la feria y los más horroroso o menos representativo de ésta. No hay más que ver la cobertura que hacen de la feria. ¿qué vemos? Pues las piezas más polémicas (que no tienen por qué ser las mejores), la entrevista al alumno del instituto que visita la feria con su clase como pollo sin cabeza (oportunidad perdida), alguna entrevista a algún galerista (que luego pasa por postproducción y se extraen solo dos frases “somos optimistas” “concentramos nuestras ventas en estos días”), la pieza más cara, algunas de las más baratas y a Juana de Aizpuru en su stand con su pelo de colores (Un beso Juana)

Esto es lo que llega a nuestros hogares, al público en potencia. Un estereotipo alejado de la realidad, una caricatura tristísima…y así no se puede hacer que el arte contemporáneo en las galerías sea considerado o tenido en cuenta como opción de ocio u actividad cultural.
Si hay desconocimiento y las pocas referencias que se tienen de las galerías son tan distorsionadas, no podemos esperar que la misma afluencia que tiene un museo se reparta entre las salas de éstas.
Y bueno, qué decir de twitter cuando llega Arco… queda patente que en este país sobran humoristas (lo cual no es malo) pero falta un poco de sensibilidad (lo que si es preocupante). Hemos de empezar a crear público. Crear audiencia, que se puede, como vienen demostrando desde hace tiempo los centros de arte con sus programas de educación para jóvenes y no tan jóvenes que terminan convirtiéndose en asiduos visitantes.
Siempre ha habido iniciativas para tratar de acercar a la gente a las galerías. Algunas desde el asociacionismo de las salas de exposición (en ArteMadridDistrito 28004Doctor Fourquet, etc…) desayunos, conferencias después de la inauguración, mesas redondas… y aún así no han surtido el efecto deseado. Me aventuro a afirmar que la difusión de estos eventos se ha realizado casi siempre en canales muy específicos y por eso nos hemos visto las caras siempre los mismos… Por otro lado, otras organizaciones ajenas a las galerías han realizado tours que algo han podido hacer para acercar el arte a un público nuevo. Ideas como la de A3Bandas, organizada por la asociación HablarEnArte o los tours organizados por ArtGalleryTour pueden haber aportado nuevos visitantes. Pero parece que a largo plazo son insuficientes. Por un lado porque se trata de ideas que se llevan a cabo durante un determinado periodo de tiempo (lo que duran las actividades en sí) y no se consigue fidelizar a unos participantes que, por otro lado, suelen estar ya familiarizados con las galerías y buscan en estas iniciativas una nueva manera de acercarse más profundamente a los artistas y las exposiciones. Por lo tanto, no podemos decir que los esfuerzos por acercar el público a las salas de las galerías esté siendo en vano, pero lo cierto es que no está siendo todo lo productivo que quisiéramos aunque esté siendo todo lo productivo que puede…

Por otro lado, aquellas personas que se acercan a una galería por primera vez, no siempre se llevan una impresión positiva de la visita. En un museo el público sabe orientarse pues, se quiera o no, se conoce el código del museo (se puede deambular, no se puede tocar, se pueden realizar preguntas al personal o los mediadores culturales, etc…) sin embargo a la hora en entrar en una galería todo esto se viene abajo. Y nadie hace nada por corregir la situación. Muchas veces he entrado en una galería y no me han dado ni los buenos días. Aún estando sólo en todo el espacio. Es un momento clave para la fidelización del visitante. Contamos con las ventajas de poder entablar una conversación de tú a tú con nuestro público y obtener un feedback valiosísimo. Sin embargo la mayoría de las galerías obvian este hecho. No sabemos quien es ese visitante, quizá hoy no tenga para comprar una obra, pero quizá mañana si. Si empezamos a crear público hoy, tendremos una cosecha de coleccionistas en el futuro. Hay que cuidar, por tanto, al visitante de una galería, independientemente de que pueda parecer que hoy no va a comprar. Acercarle una nota de prensa, introducirle la obra expuesta y quedar a su disposición aunque nos vayamos a sentar de nuevo detrás del ordenador para dejarle disfrutar sólo de la exposición. Es algo fácil y sencillo. Y en el futuro puede aportar grandes beneficios a nivel general (quizá no compre en nuestra galería, pero si en otra)
Llegados a este punto podemos concluir:
– Hay un absoluto desconocimiento del público sobre qué hace, o a qué se dedica una galería
– La imagen que arrojan los medios de comunicación sobre ésta dista mucho de la realidad.
– Las iniciativas por acercar las galerías al público han estado enfocadas a un público ya fidelizado o no han utilizado los canales adecuados para llegar al que no lo estaba.
Y me dejo el cuarto punto para el final. No hay audiencia. No hemos creado público nunca.
El museo tiene visitantes porque está concebido para ello y ejerce una fuerza de atracción hacia el conjunto de la sociedad. Por otro lado, algunos centros llevan formando audiencia desde hace tiempo. Claros ejemplos de ello son el MNCARS o especialmente el CA2M con su programa para jóvenes que terminan siendo adultos que siguen visitando el museo y otros tantos, claro. Si salimos al extranjero encontramos ejemplos a imitar por doquier.

Las galerías, por el contrario, nunca se han entendido como punto de encuentro sino como punto de venta. No se han sabido vender como el lugar en el que encontrar nuevas experiencias y nuevos artistas (como el museo). Y no hablemos ya de formar audiencias…no me consta que ninguna de ellas haya hecho esfuerzos por atraer a jóvenes a sus salas, mucho menos a niños.
No es difícil caer en la tentación de culpar al contenido de las exposiciones de las galerías en contraposición al contenido de las exposiciones de los museos. Pero en realidad culpar la programación de la galería es un error. Hay que culpar el hecho de que en este país no se ha cultivado jamás las inquietudes artísticas. Y de esto no hay que culpar a los departamentos de educación de los museos sino a los planes de educación de los distintos gobiernos que han ido desterrando poco a poco las artes y las humanidades de los programas lectivos. De modo que las escuelas y colegios se han convertido en máquinas de crear ciudadanos productivos, obviando por completo que han de ser seres humanos para poder desarrollarse plenamente como tales en una sociedad. Y pagamos ahora las consecuencias. Si lo hubiéramos hecho bien desde el principio a día de hoy tendríamos un público que no estaría visitando todas y cada una de las exposiciones, pero seguro que después de haber desarrollado un gusto artítistico, estaría más atento para ver si tal o cual galería expone obra nueva de ese artista nuevo que tanto le gustó la última vez que visitó el MUSAC (y quién sabe si comprando arte, dinamizando el mercado artístico y apoyando la creación en general). Hoy tendríamos que estar formando las audiencias de mañana y sin embargo el sistema educativo sigue relegando las humanidades y las artes a un segundo plano en pos de crear máquinas productivas. Total, el espíritu humano ya se lo enseñará el Trending Topic de turno. (Y perdón de nuevo por el tono pero esto me lleva a los demonios).
No, el problema no es el del contenido de las galerías. El problema es que no hemos sabido en su día cultivar el público que deberíamos tener hoy. Si lo hubiéramos hecho, los medios de comunicación transmitirían en sus telediarios una imagen muy distinta de lo que es ARCO pues sus espectadores sabrían qué sucede en una feria de arte.
Creo que podemos concluir este diagnóstico apuntado a una carencia de estrategia de creación de público, métodos erróneos y poco eficaces para acercar las galerías al público y por otro lado, la dificultad de no contar con el apoyo de los medios de comunicación.
Una galería, aunque sea un espacio comercial de venta, no debería olvidar nunca que cumple una función social bastante importante dentro del tejido creativo y artístico de un país. Primero el de servir de escaparate a artistas (aunque estos últimos cada día estén buscando nuevas fórmulas para tratar de evadir la figura del intermediario) y segundo el de formar parte del conjunto de espacios expositivos, además con la flexibilidad que le otorga estar fuera del espacio institucionalizado. Y ni que decir tiene que los espacios expositivos son siempre pocos. No creo que haya empresas que tengan más fácil el poder cumplir con una estrategia de responsabilidad social corporativa. El de devolver algo a la sociedad, un servicio más, un extra para mejorarla en la medida de lo posible. Algo que nunca deberían olvidar. Claro que también sería deseable tener una sociedad que valorara eso…con sus becas para la creación, el apoyo de la presencia de arte español en las ferias internacionales…etc, etc…
Pero todos estos esfuerzos son en vano si no tenemos un público preparado y ávido de arte contemporáneo.
Por cierto, entrar en las galerías es gratis.

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BLANCA ORAA MOYUA