sábado, 24 de octubre de 2015

El Artium explora las huellas del movimiento punk en el arte contemporáneo








Dice Naxo Fiol que el punk nació como un movimiento juvenil y acabó en el inútil estercolero de las tribus urbanas. Pero a pesar de que poca gente se ocupe de entrar en el tema, lo cierto es que el punk es la anti tribu urbana por excelencia. Surgido en los albores de la época Reagan y el thatcherismo, podemos considerarlo como la última vanguardia del siglo XX que, al crear una fractura con el elitismo propio del arte rompe el círculo vicioso del mercado artístico. El movimiento punk no es un movimiento estético, sino ideológico. Se trata de una actitud exasperada frente a una situación sin futuro que bebe de una mezcla entre dadaísmo, nihilismo, insatisfacción y rabia. Una rabia que hoy en día es más necesaria que nunca. 

La muestra que hace unos meses estrenó y acogió el CA2M y que ahora recoge Artium se ha propuesto demostrar cómo esta actitud es una referencia entre muchos creadores hasta el punto que el arte contemporáneo es uno de sus principales escenarios. Eso sí, fuera del alcance de las fauces del mercado. Una actitud que implica la insatisfacción, el inconformismo, la pérdida de fe en el progreso o la crítica feroz al sistema capitalista. El punk existe para mantener una idea a través de la música, el arte, el fanzine u otros modos de expresión de la creatividad personal. Pero, ¿cuál es esa idea? Es muy sencillo: pensar por uno mismo, ser uno mismo, no coger solo lo que la sociedad nos da, crear nuestras propias normas, vivir nuestra propia vida. Cualquiera puede ser artista y quien quiera puede hacer una música, unos fanzines y unos espacios mucho más interesantes y divertidos que los que el espectáculo puede ofrecerle.

El hazlo tú mismo surgió de allí, de aquellas inquietudes, dando la capacidad a todo el mundo de realizar arte –sin mediadores, fuera y contra el mercado- rompiendo con los movimientos de vanguardia que hasta entonces había y convirtiéndose en una práctica minoritaria y naturalmente política y antiautoritarista. Debido, en buena medida al punk de masas o de MTV y por supuesto a los tópicos que sobre el movimiento se han vertido desde los medios, este movimiento se ha desvirtuado. Pero no hay que olvidar que el centro fundamental del punk es la personalidad propia del individuo–individualidad que no individualismo- que, con sus ideas y características conduce irrevocablemente a la autenticidad.

Según Octavio Paz"el placer de la subversión al destruir los roles que nos ofrece el sistema es un aliciente más para la revolución social". Este aspecto será retomado por el situacionismo en los años sesenta y por el punk en los setenta. Por primera vez se disfruta la revolución, una lucha contra un arte que deja inmediatamente de serlo para convertirse en un espectáculo convertido en uno de los mayores negocios de la sociedad capitalista. En la exposición se evidencia el uso de elementos como el ruido, la tipografía de recortes, el anti-diseño y el feísmo; pero lo más interesante es que sobre todo se muestra un ejercicio de rastreo del punk como actitud: la negación, la oposición y la destrucción; pero también la construcción de nuevas formas de crear.

Si el arte es política, y, como decían La Polla Records"lo nuestro es política", entonces el punk es un vehículo de contracultura, entendida como el choque de los valores establecidos en la sociedad. Así es el verdadero movimiento punk, ni una moda pasajera ni una locura juvenil; es una conducta que, con toda su historia aparentemente olvidada nos permite sobrevivir haciendo a un lado los valores del mundo burgués. El punk nos permite cambiar el aislamiento, la rutina y sobre todo mantener la esperanza vivir en el mundo de un modo diferente. Una actitud que sin duda hace la vida más interesante.

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BLANCA ORAA MOYUA