jueves, 19 de marzo de 2015

El Prado y el Reina Sofía, cara a cara





En un formato que curiosamente no tiene precedentes entre ambos, EL PAÍS reunió ayer, en medio de las salas vacías de un Reina Sofía en día de cierre, aManuel Borja-Villel, director del museo, y a Miguel Zugaza, director del vecinoMuseo del Prado. El pretexto de la cita no era otro que el espectacular desembarco, en ambos museos, de las obras maestras del Kunstmuseum de Basilea. En el caso del Prado, diez picassos cuelgan ya de la gran Galería Central frente a obras de Rubens, Goya, Tiziano, Tintoretto… Mientras, 170 obras de maestros modernos —desde Van Gogh hasta Warhol y desde Cézanne hasta Giacometti pasando por Kandinski, Klee, Rothko o Barnet Newman— de los fondos del Kunstmuseum se abren al visitante del Reina Sofía.
Pregunta. ¿Hay que tomarse esto como una alianza, como la demostración de la potencia de tiro de ambos museos juntos?
Manuel Borja-Villel. La alianza siempre ha existido, obviamente cada uno con su identidad, que viene marcada por las propias colecciones, por la propia historia del museo. Eso hace que haya visiones de la historia del arte o concepciones de cómo se desarrolla el arte específicas de cada institución. Pero la colaboración, desde préstamos a otro tipo de proyectos comunes ha existido siempre.
Miguel Zugaza. Hay que trasladar a los ciudadanos la idea de un museo expandido, sea el Reina Sofía hacia El Prado o El Prado hacia el Reina Sofía, porque creo que es la realidad. Lo que pasa es que muchas veces no sabemos proyectar esa relación, que es fantástica. Son dos museos muy diferentes, pero ambos representan la continuidad de una visión histórica del arte...
M.B-V. ...una continuidad que tiene rupturas, y eso es importante. Pero además, no es cuestión solo del Prado y del Reina Sofía, sino de todo un ecosistema. Nosotros representamos a dos grandes instituciones, pero luego hay otras, muy pequeñas, de otra escala, y es fundamental preservar esa visión global de la cultura, de cómo se produce ese trabajo más capilar, y ahí, sí, nuestras dos instituciones creo que han de tener un papel ejemplar de dinamización y de cohesión.
M. B-V. Siempre hay una continuidad, aunque una continuidad no uniforme… porque entonces no sería cultura, no sería arte. El arte es cuestionamiento, replanteamiento continuo, por tanto, es una continuidad hecha de rupturas y antagonismos.M. Z. Es que muchas veces los límites entre museos se ven como fronteras, y eso es un error. Yo creo que dejamos de cumplir con nuestra misión si no somos respetuosos con la propia historia del arte, y la historia del arte no tiene límites precisos. Es muy bonito recordar cómo, cuando Manolo empezó a colgar la colección, quiso que el comienzo del discurso remitiese a Goya, lo mismo que El Prado muchas veces quiere llegar a lo contemporáneo.
P. Picasso ha entrado en El Prado, con toda la carga simbólica, que eso conlleva... ¿Para cuándo Goya o Velázquez frente al Guernica?M. Z. Hay diferencia de escalas, claro. En un museo de arte contemporáneo, como el Reina Sofía, la escala tiende al 1:1, es decir, a una visión muy pormenorizada de lo que ha ocurrido en el siglo XX y de lo que ocurre en el siglo XXI. En un museo histórico, como El Prado, el tiempo establece una escala mucho más amplia, y eso también forma parte de la diversidad de la Historia.
M. Z. Ya se hizo. Cuando se celebró la exposición Picasso, tradición y vanguardia se trajo El 3 de mayo de Goya y se trajeron las consecuencias de ese 3 de mayo, que, además del Guernica, eran los cuadros de Manet sobre el fusilamiento de Maximiliano. Esa tensión entre Goya como heraldo de la visión contemporánea y otros artistas fue muy interesante…
M. B-V. La historia del arte se va reescribiendo continuamente. De hecho, durante todos estos últimos años, delante del Guernica teníamos los Desastres de la guerra de Goya. Goya estaba en el Pabellón de la República… La Historia no se hace solo con nombres propios, se hace con ideas y con relaciones. Entender cómo en aquel pabellón se estaba cuestionando el papel del artista en aquellos momentos de conflicto y se estaba planteando qué es de verdad lo popular fue muy importante… En un museo, lo fundamental es crear modelos que permitan entender mejor de dónde venimos, dónde estamos y a dónde podemos ir.
M. Z. He sentido y he sufrido las contingencias de los recortes presupuestarios, y superar ese problema ha sido todo un reto, pero nunca ha habido injerencia política. Todos los partidos y todos los gobiernos han sido respetuosos con la independencia del Prado a la hora de trabajar.P. ¿Ustedes dos se han sentido siempre apoyados en su labor por los poderes públicos de este país?
M. B-V. Ha habido siempre un respeto y un apoyo institucional al Reina Sofía, y cuando eso no fue posible a nivel de recursos, sí lo fue a nivel de crear una ley que nos permite generar recursos. La historia de este museo es la historia del éxito de un país. Que en 20 años haya habido una colección muy importante como la que tiene el Reina, que se hayan hecho exposiciones también muy importantes y que este museo goce del respeto institucional y del respaldo del público… yo creo que habla de algo que, en general, ha salido bien para este país.
P. ¿Quieren desmentir aquí esa rumorología nunca demostrada sobre una hipotética mala sintonía entre ustedes, o...?
M. Z. Yo conocí a Manolo cuando llegué a la subdirección del Reina Sofía. Le respeto muchísimo, y qué decir de este museo maravilloso en el que dejé dos años muy intensos de mi vida aquí. Lo quiero muchísimo.
M. B-V. El sentimiento es mutuo, y el ejemplo más patente es el de estas tres exposiciones. La relación es permanente y no solo eso: sé que Miguel Zugaza es un visitante asiduo del Reina, como yo lo soy de una pinacoteca maravillosa como El Prado.
M. Z. Manolo dijo una vez una cosa muy acertada: “Miguel y yo casi siempre estamos de acuerdo…”.
M. B-V. ¡Excepto cuando no lo estamos! (risas) Pero es que para no estar de acuerdo, hay que sentarse y hablar.

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